Notas de Elena | Martes 7 de noviembre 2017 | Muerte por el pecado | Escuela Sabática

Martes 7 de noviembre
Muerte por el pecado
El cielo se entristeció al comprender que el hombre estaba perdido que el mundo creado por Dios iba a poblarse de mortales condenados a I. seria, la enfermedad y la muerte, sin remisión para el ofensor. Toda la familia de Adán debía morir. Vi al amable Jesús y contemple una expresión de simpatía y tristeza en su semblante. Luego lo vi acercarse a la deslumbradora luz que envolvía al Padre. El ángel que me acompañaba dijo: “Esta en intimo coloquio con su Padre”… [Cuando] salió de junto al Padre, y fue posible ver su persona. Su semblante era tranquilo, exento de perplejidad y duda, y resplandecía de amor y benevolencia inefables. Dijo entonces a los ángeles que se había hallado un medio para salvar al hombre perdido; que había estado intercediendo con su Padre, y había ofrecido dar su vida como rescate y cargar el mismo con la sentencia de muerte, a fin de que por su intervención pudiesen los hombres encontrar perdón; para que por los méritos de la sangre y la obediencia de el a la ley de Dios, ellos obtuviesen el favor del Padre y volviesen al hermoso huerto para comer del fruto del árbol de vida (Primeros escritos, p. 149).
Tenemos un Salvador viviente. No se halla en el sepulcro nuevo de José; resucito y ascendió al cielo como Sustituto y Garante de cada alma creyente. “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Romanos 5:1. El pecador es justificado por los méritos de Jesús, y esto es el reconocimiento de Dios de la perfección del rescate pagado en favor del hombre. El hecho de que Cristo fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, es prenda de la aceptación del pecador arrepentido por parte del Padre. Entonces, ¿nos permitiremos tener una experiencia vacilante de dudar y creer, creer y dudar? Jesús es la prenda de nuestra aceptación por parte de Dios.
Tenemos el favor de Dios, no porque haya mérito alguno en nosotros, sino por nuestra fe en “el Señor, nuestra justicia”…
Nunca podemos alcanzar la perfección por medio de nuestras propias obras buenas. El alma que contempla a Jesús mediante la fe, repudia su propia justicia. Se ve a sí misma incompleta, y considera su arrepentimiento como insuficiente, débil su fe más vigorosa, magro su sacrificio más costoso; y se abate con humildad al pie de la cruz. Pero una voz le había desde los oráculos de la Palabra de Dios. Con asombro escucha el mensaje: “Vosotros estáis completos en él”. Ahora todo está en paz en su alma. Ya no tiene que luchar más para encontrar algún mérito en sí mismo, alguien acto meritorio por medio del cual ganar el favor de Dios (Fe y obras, pp. 111, 112).
El milagro que Cristo estaba por realizar, al resucitar a Lázaro de los muertos, representaría la resurrección de todos los justos muertos. Por sus palabras y por sus obras, se declare el Autor de la resurrección.
El que iba a morir pronto en la cruz, estaba allí con las llaves de la muerte, vencedor del sepulcro, y aseveraba su derecho y poder para dar vida eterna (El Deseado de todas las gentes, p. 489).

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*