Notas de Elena | Martes 25 de octubre 2016 | El dolor de otros | Escuela Sabática
Martes 25 de octubre: El dolor de otros


En el día de su aflicción y tinieblas, el fiel Job declaró:
“Perezca el día en que yo nací”… “¡Oh si pesasen al justo mi queja y mi tormento, Y se alzasen igualmente en balanza!… ¡Quién me diera que viniese mi petición, Y que Dios me otorgase lo que espero; Y que pluguiera a Dios quebrantarme, Que soltara su mano, y me deshiciera! Y sería aún mi consuelo… Por tanto yo no reprimiré mi boca; Hablaré en la angustia de mi espíritu Y quejaréme con la amargura de mi alma… Mi alma… quiso la muerte más que mis huesos. Aburríme: no he de vivir yo para siempre; Déjame, pues que mis días son vanidad” (Job 3:3; 6:2, 8-10; 7:11, 15, 16).
Pero aunque Job estaba cansado de la vida, no se le dejó morir. Le fueron recordadas las posibilidades futuras, y se le dirigió un mensaje de esperanza:
“Serás fuerte y no temerás: Y olvidarás tu trabajo, O te acordarás de él como de aguas que pasaron: Y en mitad de la siesta se levantará bonanza; Resplandecerás, y serás como la mañana:
Y confiarás, que habrá esperanza… Y te acostarás, y no habrá quien te espante: Y muchos te rogarán. Mas los ojos de los malos se consumirán, Y no tendrán refugio; Y su esperanza será agonía del alma” (Job 11:1520) (Profetas y reyes, p. 120).
La gloria del cielo consiste en elevar a los caídos, consolar a los angus-tiados. Siempre que Cristo more en el corazón humano, se revelará de la misma manera. Siempre que actúe, la religión de Cristo beneficiará. Donde quiera que obre, habrá alegría…
Cualquiera que sea la diferencia de creencia religiosa, el llamamiento de la humanidad doliente debe ser oído y contestado. Donde existe amargura de sentimiento por causa de la diferencia de la religión, puede hacerse mucho bien mediante el servicio personal. El ministerio amante quebrantará el prejuicio, y ganará las almas para Dios. Debemos anticipamos a las tristezas, las dificultades y angustias de los demás. Debemos participar de los goces y cuidados tanto de los encumbrados como de los humildes, de los ricos como de los pobres. “De gracia recibisteis dice Cristo dad de gracia”. En nuestro derredor hay pobres almas probadas que necesitan palabras de simpatía y acciones serviciales. Hay viudas que necesitan simpatía y ayuda. Hay huérfanos a quienes Cristo ha encargado a sus servidores que los reciban como una custodia de Dios. Demasiado a menudo se los pasa por alto con negligencia. Pueden ser andrajosos, toscos, y aparentemente sin atractivo alguno; pero son propiedad de Dios. Han sido comprados con precio, y a su vista son tan preciosos como nosotros. Son miembros de la gran familia de Dios, y los cristianos como mayordomos suyos, son responsables por ellos. “Sus almas dice demandaré de tu mano” (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 318, 319).

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