Notas de Elena | Martes 24 de mayo 2016 | Ídolos del alma | Escuela Sabática
Martes 24 de mayo: ídolos del alma
El que se ama a sí mismo es un transgresor de la ley. Jesús deseaba revelarle esto al joven, y le dio una prueba que pondría de manifiesto el egoísmo de su corazón. Le mostró la mancha de su carácter. El joven no deseaba mayor iluminación. Había acariciado un ídolo en el alma; el mundo era su dios. Profesaba haber guardado los mandamientos, pero carecía del principio que es el mismo espíritu y la vida de todos ellos. No tenía un verdadero amor a Dios o al hombre. Esto significaba la carencia de algo que lo calificaría para entrar en el reino de los cielos. En su amor a sí mismo y a las ganancias mundanales estaba en desacuerdo con los principios del cielo. Cuando este joven príncipe vino a Jesús, su sinceridad y fervor ganaron el corazón del Salvador. “Mirándole, amóle”. En este joven vio él a uno que podría ser útil como predicador de justicia. Él quería recibir a este noble y talentoso joven tan prestamente como recibió a los pobres pescadores que lo siguieron. Si el joven hubiera consagrado su habilidad a la obra de salvar almas, habría llegado a ser un diligente obrero de éxito para Cristo.
Pero primeramente debía aceptar las condiciones del discipulado. Debía consagrarse a sí mismo sin reservas a Dios (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 323, 324).
Dios en su providencia ha enternecido los corazones de algunos que poseen riquezas, y los ha convertido a la verdad, para que con sus bienes contribuyan a mantener en marcha la obra. Y si los que son ricos no hacen esto, si no cumplen el propósito de Dios, él los pasará por alto, y traerá a otros para que llenen su lugar y cumplan su propósito, y distribuyan gozosamente sus posesiones para satisfacer las necesidades de la causa de Dios. En esto serán primeros. Dios tendrá en su causa a personas que harán esto.
Él podría enviar recursos financieros desde el cielo para llevar adelante su obra; pero él no trabaja en esta forma. Ha dispuesto que los seres humanos sean sus instrumentos, y que así como se efectuó un gran sacrificio para redimirlos, también ellos desempeñen una parte en esta obra de salvación, sacrificándose por los demás, y al hacerlo muestren cuánto aprecian el sacrificio que se hizo por ellos (Testimonios para la iglesia, tomo 1, p. 162).

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