Notas de Elena | Martes 2 de agosto 2016 | Comía con los pecadores | Escuela Sabática
Martes 2 de agosto: Comía con los pecadores
El llamamiento de Mateo al discipulado excitó gran indignación. Que un maestro religioso eligiese a un publicano como uno de sus acompañantes inmediatos, era una ofensa contra las costumbres religiosas, sociales y nacionales.
En su agradecida humildad, Mateo deseaba mostrar su aprecio por el honor que se le había concedido; y, reuniendo a los que habían sido sus asociados en los negocios, en el placer y en el pecado, hizo una gran fiesta para el Salvador. Si Jesús lo llamaba a pesar de ser tan pecador e indigno, seguramente aceptaría a sus anteriores compañeros quienes, según pensaba Mateo, eran mucho más merecedores que él. Mateo tenía un gran anhelo de que ellos compartiesen los beneficios de la misericordia y gracia de Cristo. Deseaba que ellos supiesen que Cristo no… despreciaba ni odiaba a los publícanos y pecadores. Quería que ellos conocieran a Cristo como el bendito Salvador…
Jesús nunca rehusaba una invitación a tales fiestas. El objeto que estaba siempre delante de él era sembrar en el corazón de sus oyentes las semillas de la verdad y mediante su conversación persuasiva atraer los corazones a sí. En cada uno de sus actos Cristo tenía un propósito y la lección que dio en esta ocasión fue oportuna y apropiada. Mediante ese acto declaraba que aun los publícanos y pecadores no estaban excluidos de su presencia…
Los fariseos vieron a Cristo visitando a los publícanos y pecadores y comiendo con ellos… Esos hombres que pretendían ser justos, que no sentían necesidad de ayuda, no podían apreciar la obra de Cristo. Se colocaban donde no podían aceptar la salvación que había venido a traer. Ellos no acudían a él para poder tener vida. Los pobres publícanos y
pecadores sentían su necesidad y aceptaban la instrucción y la ayuda que sabían que Cristo podía darles.
Para Mateo mismo, el ejemplo de Jesús en el banquete fue una constante lección. El publicano despreciado vino a ser uno de los evangelistas más consagrados, y en su propio ministerio siguió muy de cerca las pisadas del Maestro {Conflictoy valor, p. 284).
Hemos de entregar nuestro corazón a Dios para que pueda renovarnos y santificarnos, y preparamos para los atrios celestiales. No hemos de esperar que llegue algún tiempo especial, sino que hoy hemos de entregamos a él, rehusando ser siervos del pecado. ¿Os imagináis que podéis desprenderos del pecado poco a poco? ¡Oh. desprendeos de esa cosa maldita inmediatamente! Aborreced las cosas que aborrece Cristo, amad las cosas que ama Cristo. Por su muerte y sufrimiento, ¿acaso no ha provisto lo necesario para vuestra limpieza del pecado? Cuando comenzamos a comprender que somos pecadores, y caemos sobre la Roca para ser quebrantados, nos rodean los brazos eternos y somos colocados cerca del corazón de Jesús. Entonces seremos cautivados por su belleza y quedaremos disgustados con nuestra propia justicia. Necesitamos acercamos a los pies de la cruz. Mientras más nos humillemos allí, más excelso nos parecerá el amor de Dios. La gracia y la justicia de Cristo no serán de utilidad para el que se siente sano, para el que piensa que es razonablemente bueno, que está contento con su propia condición. No hay lugar para Cristo en el corazón de aquel que no comprende su necesidad de luz y ayuda divinas {Mensajes selectos, tomo 1, pp. 384, 385).

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