Notas de Elena | Martes 18 de octubre 2016 | Los primeros libros | Escuela Sabática


Martes 18 de octubre: Los primeros libros
El Señor no le impone a nadie cargas demasiado pesadas. Calcula cada peso antes de permitir que se deposite sobre los corazones de sus colaboradores. A cada uno de sus obreros le dice nuestro Padre celestial: “Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará”. Que quien lleva cargas crea que el Señor puede llevarlas, sean grandes o pequeñas (La maravillosa gracia de Dios, p. 116).
Nuestro Señor… los invita a aceptar su yugo, y dice: “Mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Los invita a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, y les promete que todas las cosas que les sean necesarias para esta vida les serán añadidas. La congoja es ciega, y no puede discernir lo futuro; pero Jesús ve el fin desde el principio. En toda dificultad, tiene un camino preparado para traer alivio. Nuestro Padre celestial tiene, para proveemos de lo que necesitamos, mil maneras de las cuales no sabemos nada. Los que aceptan el principio de dar al servicio y la honra de Dios el lugar supremo, verán desvanecerse las perplejidades y percibirán una clara senda delante de sus pies (El Deseado de todas las gentes, p. 297).
Se me mostró que existe un terrible estado de cosas en nuestro mundo. El ángel de la misericordia está plegando sus alas, listo para retirarse…
La ley de Dios es invalidada. Vemos y oímos acerca de confusión y perplejidad, miseria y hambre, terremotos e inundaciones; terribles ultrajes serán cometidos por los hombres; la pasión, no la razón, es la que impera. La ira de Dios recae sobre los habitantes del mundo, que están corrompiéndose rápidamente como los habitantes de Sodoma y Gomorra. El fuego y la inundación ya están destruyendo miles de vidas y la propiedad que ha sido egoístamente acumulada oprimiendo a los pobres. El Señor pronto abreviará su obra y pondrá fin al pecado. ¡Oh, ojalá impresionen profundamente las mentes de los profesos hijos de Dios las escenas que me han sido presentadas de las iniquidades cometidas en estos últimos días! (¡Maranata: el Señor viene!, p. 136).
“Estas cosas os he hablado dijo para que en mi tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo”. Cristo no desmayó, ni se desalentó; y sus seguidores deben manifestar una fe de la misma índole perseverante. Han de vivir como él vivió, y trabajar como él trabajó, porque dependen de él como gran Artífice maestro.
Deben poseer valor, energía y perseverancia. Aunque imposibilidades aparentes obstruyan su camino, por su gracia deben avanzar. En vez de deplorar las dificultades, están llamados a vencerlas. No han de desesperar por nada, sino estar de buen ánimo en toda ocasión. Con la áurea cadena de su amor sin par. Cristo los ha ligado al trono de Dios. Es propósito suyo que la más elevada influencia del universo, que dimana de la Fuente de todo poder, sea suya. Han de tener poder para resistir al mal, un poder que ni la tierra, ni la muerte, ni el infierno puedan dominar, un poder que los habilite para vencer como venció Cristo (Obreros evangélicos, p. 40).

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