Notas de Elena | Martes 15 de noviembre 2016 | Suertes injustas | Escuela Sabática


Martes 15 de noviembre: Suertes injustas
El templo judío fue construido con piedras cinceladas sacadas de la cantera de las montañas, y cada piedra estaba preparada para su lugar en el templo, cincelada, pulida y probada antes de ser llevada a Jerusalén. Y cuando todas estuvieron en el lugar correspondiente, la edificación avanzó sin que hubiera el ruido de un hacha o martillo. Este edificio representa el templo espiritual de Dios que está compuesto de materiales extraídos de cada nación y lengua y pueblo, de toda clase, alta y humilde, ricos y pobres, instruidos e ignorantes. Los tales no son sustancias inertes, que deban ser preparadas con martillo y cincel. Son piedras vivientes extraídas del mundo por la verdad; y el gran Arquitecto, el Señor del templo, ahora las está cincelando y puliendo y adecuando para su lugar correspondiente (A fin de conocerle, p. 153).
Estos mensajeros angelicales llevan un fiel registro de las palabras y los hechos de los hijos de los hombres. Cada acto de crueldad o injusticia ejecutado contra los hijos de Dios, todo lo que ellos tienen que sufrir por causa del poder de los obradores de maldad, se registra en los cielos.
“¿Y Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche, aunque sea longánimo acerca de ellos? Os digo que los defenderá presto”.
“No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande remuneración de galardón; porque la paciencia os es necesaria; para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. Porque aun un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará”. “Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y tardía. Tened también vosotros paciencia; confirmad vuestros corazones: porque la venida del Señor se acerca”.
La longanimidad de Dios es maravillosa. La justicia espera largo tiempo mientras la misericordia suplica al pecador. Pero “justicia y juicio son el asiento de su trono”. “Jehová es tardo para la ira”, pero es “grande en poder, y no tendrá al culpado por inocente. Jehová marcha entre tempestad y turbión, y las nubes son el polvo de sus pies”.
El mundo ha llegado a ser temerario en la transgresión de la ley de Dios. A causa de la larga clemencia divina, los hombres han pisoteado su autoridad. Se han fortalecido mutuamente en la opresión y la crueldad que ejercen contra su herencia, diciendo: “¿Cómo sabe Dios? ¿Y hay conocimiento en lo alto?” Pero existe una línea que no pueden traspasar. Se acerca el tiempo en que llegarán al límite prescrito. Aun ahora casi han pasado los límites de la paciencia de Dios, los límites de sus gracia y misericordia. El Señor se interpondrá para defender su propio honor, para librar a sus pueblo, y para reprimir los desmanes de la injusticia (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 140, 141).
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