Notas de Elena | Martes 14 de junio 2016 | Getsemaní | Escuela Sabática

Martes 14 de junio: Getsemaní

No se le pide al hombre que lleve los pecados ajenos, de manera que nunca conocerá los horrores de la maldición del pecado que tuvo que llevar el Salvador. Ningún pesar puede compararse con el sufrimiento que padeció Aquel sobre quien recayó la ira de Dios con fuerza aplastante. La naturaleza humana solo puede soportar una porción limitada de esa prueba. Lo finito puede soportar solamente una medida finita, y entonces la naturaleza humana sucumbe; pero la naturaleza de Cristo tenía una capacidad mayor para sufrir… La agonía que soportó Cristo, amplía, profundiza y da una concepción más dilatada del carácter del pecado, y del carácter de la retribución que Dios hará caer sobre los que continúan en pecado. La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna, por medio de Jesucristo, para el pecador arrepentido y creyente (La maravillosa gracia de Dios, p. 168).

La única salvaguardia contra el mal consiste en que mediante la fe en su justicia Cristo more en el corazón. La tentación tiene poder sobre nosotros porque existe egoísmo en nuestros corazones. Pero cuando contemplamos el gran amor de Dios, vemos el egoísmo en su carácter horrible y repugnante, y deseamos que sea expulsado del alma. A medida que el Espíritu Santo glorifica a Cristo, nuestro corazón se ablanda y se somete, la tentación pierde su poder y la gracia de Cristo transforma el carácter.

Cristo no abandonará al alma por la cual murió. Ella puede dejarlo a él y ser vencida por la tentación; pero nunca puede apartarse Cristo de uno a quien compró con su propia vida. Si pudiera agudizarse nuestra visión espiritual, veríamos almas oprimidas y sobrecargadas de tristeza, a punto de morir de desaliento. Veríamos ángeles volando rápidamente para socorrer a estos tentados, quienes se hallan como al borde de un precipicio. Los ángeles del cielo rechazan las huestes del mal que rodean a estas almas, y las guían hasta que pisen un fundamento seguro. Las batallas entre los dos ejércitos son tan reales como las que sostienen los ejércitos del mundo, y del resultado del conflicto espiritual dependen los destinos eternos…

Vivamos en contacto con el Cristo vivo, y él nos asirá firmemente con una mano que nos guardará para siempre. Creamos en el amor con que Dios nos ama, y estaremos seguros; este amor es una fortaleza inexpugnable contra todos los engaños y ataques de Satanás. “Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo, y será levantado” (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 100, 101).

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