Notas de Elena | Martes 13 de septiembre 2016 | Sembrar y cosechar en las ciudades | Escuela Sabática


Martes 13 de septiembre:
Sembrar y cosechar en las ciudades

En las ciudades grandes hay ciertas clases que no pueden ser alcanzadas por las reuniones públicas. Hay que buscarlas como el pastor busca a su oveja perdida. Deben hacerse diligentes esfuerzos personales en favor de ellas. Si no vienen a la fiesta del evangelio a la cual los invita el llamado de Cristo, los mensajeros de Dios deben acomodarse a las circunstancias y llevarles el mensaje por medio de una labor de casa en casa, extendiendo así su ministerio por los caminos y los vallados para dar el último mensaje al mundo.
Id aun a las casas de las personas que no manifiestan ningún interés. Mientras la dulce voz de la misericordia invita al pecador, trabajad con toda la energía del corazón y del cerebro, como lo hizo Pablo, quien no cesaba “de amonestar con lágrimas a cada uno”. En el día de Dios, cuántos nos enfrentarán y dirán: “¡Estoy perdido! ¡Estoy perdido! Y tú nunca me amonestaste; nunca me rogaste que viniera a Jesús. Si yo hubiera creído como tú lo hiciste, hubiera seguido a toda alma sujeta al juicio que estuviera a mi alcance, con oraciones y lágrimas y amonestaciones”…
Luz, luz de la Palabra de Dios: esto es lo que la gente necesita. Si los maestros de la Palabra están dispuestos, el Señor los guiará a una estrecha relación con la gente. El los llevará a los hogares de los que necesitan y desean la verdad; y a medida que los siervos de Dios se empeñan en la obra de buscar las ovejas perdidas, las facultades espirituales son despertadas y vigorizadas. Sabiendo que están en armonía con Dios, se sienten gozosos y contentos. Bajo la dirección del Espíritu Santo, obtienen una experiencia que es inapreciable para ellos. Sus facultades intelectuales y morales obtendrán su más alto desarrollo; porque se concede gracia en respuesta a la demanda (El evangelismo, pp. 318,319).
Después de terminadas las reuniones públicas hay que establecer una misión. Hay que organizar en un equipo a los mejores obreros que sea posible encontrar para que vendan nuestras publicaciones y también regalen revistas y folletos a los que no pueden comprar. La obra preparatoria que se realiza no tiene ni la mitad del valor de la obra que debe realizarse después de las conferencias. Después que la gente ha oído las razones de nuestra fe, hay que comenzar el trabajo de casa en casa. Hay que familiarizarse con la gente y leerles las preciosas palabras de Cristo. Hay que destacar entre ellos a Jesús crucificado, y los que han escuchado los mensajes de amonestación de los labios de los ministros de Dios… y han sido convencidos de pecado, pronto serán inducidos a inquirir acerca de lo que han oído.
Este es el tiempo cuando debemos presentar las razones de nuestra fe con mansedumbre y temor, no un temor esclavizante, sino un temor cauteloso a fin de no hablar imprudentemente. Presentad la verdad tal como se encuentra en Jesús, con toda mansedumbre y humildad, es decir con sencillez y sinceridad, dando el alimento a su debido tiempo, y a cada persona su porción de comida (El evangelismo, p. 317).

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