Notas de Elena | Martes 12 de septiembre 2017 | Las obras de la carne | Escuela Sabática

Martes 12 de septiembre: Las obras de la carne
¿Qué significa sembrar para la carne? Es seguir los deseos e inclinaciones del propio corazón natural. Cualquiera sea nuestra profesión, si estamos sirviendo al yo en vez de servir a Dios, estamos sembrando para la carne. La vida cristiana es una vida de abnegación y de llevar la cruz… Nadie considera que la vida de un soldado sea una vida de complacencia propia y satisfacción egoísta. Hoy es-tamos en el campo de batalla y dos grandes fuerzas siempre están luchando por la supremacía…
¿Qué estáis sembrando en vuestra vida diaria? ¿Estáis sembrando para vuestra carne? ¿Pensáis tan solo en vuestros placeres y conveniencias? ¿Sembráis para el orgullo, la vanidad y la ambición?… Os suplico que sembréis para el Espíritu. Cada tentación resistida os dará poder para sembrar para el Espíritu en otro tiempo de prueba…
El ser entero debe estar consagrado a Dios, porque nuestro precioso Salvador nunca habita en un corazón dividido. Nuestras inclinaciones y nuestros deseos deben estar bajo el control del Espíritu de Dios, y entonces estaremos fortalecidos para pelear la buena ba-talla de la fe (That I May Know Him, p. 92; parcialmente en A fin de conocerle, p. 92).
Todo lo que mancha y contamina el alma debe desaparecer, debe ser limpiado del corazón. Debemos saber lo que significa participar de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que está en el mundo por causa de la concupiscencia. ¿Están dispuestos a combatir contra los deseos de la carne? ¿Están listos para luchar contra el enemigo de Dios y el hombre? Satanás está decidido a esclavizar toda alma de ser posible; porque está empeñado en un juego desesperado para arrebatarle a Cristo y a la vida eterna las almas de los hombres. ¿Le permitirán que les arrebate las gracias del Espíritu de Dios para implantar en ustedes su propia naturaleza corrupta? ¿O aceptarán la gran provisión de la salvación, y por los méritos del infinito sacrificio hecho en favor de ustedes llegar a ser participantes de la naturaleza divina? Dios dio a su Hijo unigénito para que por medio de su vergüenza, sufrimiento y muerte, ustedes pudieran te-ner gloria, honor e inmortalidad (Cada día con Dios, p. 173).
Hay continuas batallas que pelear y no estamos a salvo ni un mo-mento a menos que nos coloquemos bajo el cuidado de Aquel que dio su propia vida preciosa para hacer posible que cada uno que crea en él como el Hijo de Dios… Es plenamente capaz, en respuesta a nuestra fe, de unir nuestra naturaleza humana con la suya divina. Al confiar en la naturaleza divina y al participar de ella y al fortalecer nuestros esfuerzos, estamos proclamando que la misión de Cristo sobre la tierra es paz en la tierra y buena voluntad para con los hom-bres. Debemos hablar de los peligros de la guerra contra enemigos invisibles y llevar puesta nuestra armadura, porque no estamos guerreando contra carne ni sangre, sino contra principados y potestades y huestes espirituales de maldad en las regiones celestes… Por lo tanto, necesitamos mantenemos bajo la constante custodia de los santos ángeles (En los lugares celestiales, p. 119).

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