Notas de Elena | Martes 11 de octubre 2016 | Sea el nombre de Jehová bendito | Escuela Sabática


Martes 11 de octubre: Sea el nombre de Jehová bendito
A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor de sus hijos terrenales; días en que las dificultades acosan al alma, en que la muerte parece preferible a la vida. Entonces es cuando muchos pierden su confianza en Dios y caen en la esclavitud de la duda y la servidumbre de la incredulidad. Si en tales momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias de Dios, veríamos ángeles que procuran salvamos de nosotros mismos y luchan para asentar nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas; y nuestro ser se compenetraría de una nueva fe y una nueva vida…
Pero aunque Job estaba cansado de la vida, no se le dejó morir. Le fueron recordadas las posibilidades futuras, y se le dirigió un mensaje de esperanza… Desde las profundidades del desaliento, Job se elevó a las alturas de la confianza implícita en la misericordia y el poder salvador de Dios {Profetas y reyes, pp. 119, 120).
Si suponéis por un momento que Dios tratará livianamente al pecado, o hará provisiones o excepciones, para que podáis seguir cometiendo pecados, sin que el alma sufra la penalidad por su conducta, estáis bajo un terrible engaño de Satanás. Cualquier violación voluntaria de la recta ley de Jehová expone vuestra alma a los desembozados asaltos de Satanás…
Cuando perdéis vuestra integridad consciente, vuestra alma se convierte en un campo de batalla para Satanás; abrigáis dudas y temores suficientes para paralizar vuestras energías y conduciros al desánimo…
Recordad que la tentación no es pecado. Recordad que no importa cuán angustiosa sea la circunstancia en la cual un hombre esté colocado, ninguna cosa puede realmente debilitar su alma, mientras no ceda a la tentación y mantenga su propia integridad. Los intereses más vitales para vosotros individualmente, están bajo vuestro propio cuidado. Nadie puede dañarlos sin vuestro consentimiento. Todas las legiones satánicas no pueden haceros daño, a menos que abráis vuestra alma a las artes y dardos de Satanás. Vuestra ruina nunca puede ocurrir a menos que vosotros consintáis. Si no hay contaminación de vuestra mente, toda la contaminación que os rodea no puede mancharos.
Debemos considerar la vida eterna por encima de todo, o no valdrá nada para nosotros. Solamente aquellos que desplieguen esfuerzos perseverantes y celo incansable, con intenso deseo de apropiarse del valor del objeto que persiguen, obtendrán esa vida que se mide con la vida de Dios…
Tenemos el ejemplo de Adán y Eva, y el resultado de su transgresión debe conducir a cada alma a evitar el pecado, a aborrecerlo como la cosa odiosa que es, y a pensar que, en vista de los sufrimientos que causa el pecado, es mejor perder todas las cosas, que apartarse en lo más mínimo de los mandamientos de Dios (Nuestra elevada vocación, p. 96).

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