Notas de Elena | Lunes 9 de octubre 2017 | Leyes y reglamentos judíos | Escuela Sabática

Lunes 9 de octubre: Leyes y reglamentos judíos
La misma ley que fue grabada en tablas de piedra es escrita por el Espíritu Santo sobre las tablas del corazón. En vez de tratar de establecer nuestra propia justicia, aceptamos la justicia de Cristo. Su sangre expía nuestros pecados. Su obediencia es aceptada en nuestro favor. Entonces el corazón renovado por el Espíritu Santo producirá los frutos del Espíritu. Mediante la gracia de Cristo viviremos obedeciendo la ley de Dios escrita en nuestro corazón. Al poseer el Espíritu de Cristo, andaremos como él anduvo.
Hay dos errores contra los cuales los hijos de Dios, particularmente los que apenas han comenzado a confiar en su gracia, deben especialmente guardarse. El primero… es el de fijarse en sus propias obras, confiando en alguna cosa que puedan hacer, para ponerse en armonía con Dios. El que está procurando llegar a ser santo mediante sus propios esfuerzos por guardar la ley, está procurando una imposibilidad…
El error opuesto y no menos peligroso es que la fe en Cristo exime a los hombres de guardar la ley de Dios; que puesto que solamente por la fe somos hechos participantes de la gracia de Cristo, nuestras obras no tienen nada que ver con nuestra redención… Si la ley está escrita en el corazón, ¿no modelará la vida?… En vez de que la fe exima al hombre de la obediencia, es la fe, y solo ella, la que lo hace participante de la gracia de Cristo y lo capacita para obedecerlo (La maravillosa gracia de Dios, p. 137).
La predicción de Cristo acerca de la destrucción del templo era una lección sobre la purificación de la religión, que hacía ineficaces las formas y ceremonias. Anunció que él mismo era mayor que el templo, y proclamó: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. Era él en quien se cumplían todas las ceremonias y los ritos judíos. Él quedaba en lugar del templo; todos los oficios de la iglesia se centraban en él solo.
En el pasado, el pueblo se acercaba a Cristo por medio de formas y ceremonias, pero ahora él mismo estaba sobre la tierra, atrayendo la atención a sí mismo, presentando el sacerdocio espiritual, y colocando al agente humano pecaminoso en el estrado de la misericordia…
Las lecciones que Cristo dio en sus enseñanzas mostraban que los servicios rituales caducaban, que ya no tenían virtud alguna. “La hora viene —decía—, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. La verdadera circuncisión es adorar a Cristo en espíritu y en verdad, no en formas y ceremonias, con pretensión hipócrita (Fundamentáis of Christian Education, p. 399).

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