Notas de Elena | Lunes 6 de junio 2016 | Señales del fin | Escuela Sabática
Lunes 6 de junio: Señales del fin
En esos momentos, la obra de Cristo parecía haber sufrido una cruel derrota. Él había salido vencedor en la controversia con los sacerdotes y fariseos, pero era evidente que nunca le recibirían como el Mesías. Había llegado el momento de la separación final. Para sus discípulos, el caso parecía sin esperanzas. Pero Cristo estaba acercándose a la consumación de su obra. El gran suceso que concernía no solo a la nación judía, sino al mundo entero, estaba por acontecer. Cuando Cristo oyó la ferviente petición: “Querríamos ver a Jesús”, repercutió para él como un eco del clamor del mundo hambriento, su rostro se iluminó y dijo: “La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado”. En la petición de los griegos vio una prenda de los resultados de su gran sacrificio.
Estos hombres vinieron del Occidente para hallar al Salvador al final de su vida, como los magos habían venido del Oriente al principio. Cuando nació Cristo, los judíos estaban tan engolfados en sus propios planes ambiciosos que no conocieron su advenimiento. Los magos de una tierra pagana vinieron al pesebre con sus donativos para adorar al Salvador. Así también estos griegos, representando a las naciones, a las tribus y a los pueblos del mundo, vinieron a ver a Jesús. Así también la gente de todas las tierras y de todas las edades iba a ser atraída por la cruz del Salvador (El Deseado de todas las gentes, p. 574).
Entrar en la gloria costará la entrega de todo. Haceos tesoros en el cielo… Debéis ser participantes de los sufrimientos de Cristo aquí si queréis ser participantes de su gloria en el más allá.
El cielo resultará muy barato aun si lo obtenemos por medio del sufrimiento. Debemos negamos a nosotros mismos a lo largo del camino… y mantener siempre en vista su gloria. La obra de salvación no es juego de niños, para tomarla cuando se quiere y abandonarla cuando nos plazca. Lo que ganará la victoria finalmente, será la firme determinación, el esfuerzo incansable. Es el que persevera hasta el fin el que será salvo. Son aquellos que pacientemente continúan haciendo el bien quienes tendrán la vida eterna y la recompensa inmortal (Dios nos cuida, p. 98).
El acto de colocarse en el lado impopular requiere valor moral, firmeza, decisión, perseverancia y mucha oración. Estemos agradecidos porque ahora podemos acudir a Cristo tal como antaño iban a él en el templo los pobres y los dolientes…
Ud. no se ha atrevido a pisotear los mandamientos de Dios, y se ha puesto en el lado de la verdad impopular, y ahora deje que los resultados sean los que fueren. ¿Cree Ud. que el Salvador se alejará y lo dejará luchar solo? No; nunca. Pero él nunca dijo a sus discípulos que no experimentarían pruebas, que no tendrían que manifestar abnegación ni realizar sacrificios. El Maestro fue varón de dolores, experimentado en quebrantos. “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9). Damos gracias a Dios porque en su pobreza Ud. puede llamar a Dios su Padre.
La pobreza está por sobrecoger a este mundo, y habrá un tiempo de angustia como nunca ha habido hasta ahora. Habrá guerras y rumores de guerra, y la palidez invadirá los rostros de los hombres. Puede ser que Ud. tenga que sufrir angustia; puede ser que algunas veces pase hambre; pero Dios no lo olvidará en su sufrimiento. El probará su fe. No debemos vivir para agradamos. Estamos aquí para dar a conocer a Cristo al mundo, para representarlo a él y su poder ante la humanidad (El evangelismo, pp. 178, 179).

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