Notas de Elena | Lunes 31 de octubre 2016 | ¿Qué inocente se ha perdido? | Escuela Sabática


Lunes 31 de octubre: ¿Qué inocente se ha perdido?
De Job, el patriarca de Uz, el testimonio del Escudriñador de corazones era: “No hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal”.
Satanás pronunció una despectiva acusación contra este hombre: “¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y todo lo que tiene?… Pero extiende tu mano y toca todo lo que tiene”, “su hueso y su carne y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia “.
El Señor le dijo a Satanás: “He aquí todo está en tu mano”. “He aquí él está en tu mano, mas guarda su vida”.
Habiendo obtenido permiso, Satanás quitó a Job todo lo que poseía: ganados, rebaños, siervos, siervas, hijos e hijas, e “hirió a Job con una sama maligna desde la planta del pié hasta la coronilla de la cabeza”.
Luego se añadió otro ingrediente de amargura a su copa. Sus amigos, que consideraban la adversidad como una retribución del pecado, afligieron con sus acusaciones su espíritu herido y abrumado.
Aparentemente abandonado del cielo y de la tierra, pero con fe firme en su Dios y consciente de su integridad, clamó con angustia y perplejidad: “Está mi alma hastiada de la vida” (La educación, p. 155). (es)
La vida no está compuesta toda de gratas pasturas y frescos arroyuelos. Nos asedian las pruebas y los desalientos; llegan las privaciones; nos vemos sometidos a duras pruebas. Atormentada nuestra conciencia, suponemos que nos apartamos mucho de Dios, y que si hubiéramos andado con él no habríamos sufrido de esa manera. Nos abruma la duda y el desaliento y decimos: El Señor nos ha defraudado, hemos sido maltratados. ¿Por qué permite que suframos en esta forma? No puede amamos; si así fuera apartaría las dificultades de nuestro camino…
No siempre nos transporta a lugares placenteros. Si así lo hiciera, dada nuestra suficiencia nos olvidaríamos de que él es nuestro ayudador.
Él anhela manifestarse ante nosotros, y revelar las abundantes provisiones que están a nuestra disposición; y permite que las pruebas y los chascos nos agobien para que podamos comprender cuán poca cosa somos, y aprendamos a acudir a él en busca de socorro. Él puede conseguir que fluyan arroyos refrescantes de la dura roca.
Hasta que estemos cara a cara frente a Dios, y veamos y conozcamos como somos vistos y conocidos, no sabremos cuántas cargas él llevó por nosotros, cuántas más habría estado dispuesto a soportar si se las hubiéramos llevado con la fe de un niño…
El amor de Dios se revela en todo su trato con su pueblo; y en medio de la adversidad, los desengaños, la enfermedad y las pruebas, con visión nítida y despejada debemos contemplar la luz de su gloria en el rostro de Cristo, y confiar en su mano guiadora. Pero con demasiada frecuencia contristamos su corazón con nuestra incredulidad…
Dios ama a sus hijos, y anhela verlos vencer el desaliento, arma que Satanás usa para adueñarse de ellos. No demos lugar a la incredulidad. No magnifiquemos nuestras dificultades. Recordemos el amor y el poder que Dios reveló en lo pasado (Meditaciones matinales 1952, p. 12).
Escuela Sabática | Lección 6 | Para el 5 de noviembre de 2016 | La maldición ¿sin causa? | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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