Notas de Elena | Lunes 30 de mayo 2016 | Jesús en el templo | Escuela Sabática
Lunes 30 de mayo: Jesús en el templo
La Palabra de Dios es una luz que brilla en lugar oscuro. Cuando escudriñamos sus páginas, entra la luz en el corazón, e ilumina la mente. Gracias a esa luz vemos cómo debemos ser.
En la Palabra hallamos amonestaciones y promesas sustentadas por Dios. Se nos invita a escudriñar esta Palabra para hallar ayuda cuando nos vemos en situaciones difíciles. Si no consultamos la Guía a cada paso, preguntando: ¿Es éste el camino del Señor? nuestras palabras y acciones se llenarán de egoísmo. Olvidaremos a Dios y andaremos por caminos que él no escogió para nosotros.
La Palabra de Dios rebosa de preciosas promesas y consejos útiles. Es infalible, porque Dios no puede equivocarse. Brinda ayuda en cualquier circunstancia y situación de la vida; y Dios observa con tristeza cuando sus hijos se apartan de ella para recurrir a la ayuda humana.
El que por medio de las Escrituras mantiene comunión con Dios será ennoblecido y santificado. Al leer el relato inspirado donde se habla del amor del Salvador, su corazón se quebrantará en actos de ternura y contrición. Todo su ser arderá en el deseo de ser como su Maestro, de vivir una vida de servicio afectuoso… Por un milagro de su poder, el Señor ha preservado la Sagrada Escritura a través de los siglos.
Este libro es el gran guiador enviado por Dios… Lanza su luz hacia adelante para que podamos ver la senda en que viajamos; luego sus rayos se dirigen al pasado e iluminan la historia, revelando la armonía más perfecta en aquello que, para la mente entenebrecida, es error y desconcierto. En lo que a los mundanos les parece un misterio inexplicable, los hijos de Dios ven luz y belleza.
Feliz el ser humano que descubrió por sí mismo que la Palabra de Dios es lámpara a sus pies y lumbrera a su camino; luz que alumbra en un lugar oscuro. Es el guiador celestial entre los hombres (Meditaciones matinales 1952, p. 27).
Jesús prometió a sus discípulos “el Consolador, es decir, el Espíritu Santo, a quien —dijo— el Padre enviará en mi nombre”; y agregó: “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo cuanto os he dicho” (Juan 14:26, V.M.). Pero primero es preciso que las enseñanzas de Cristo hayan sido atesoradas en el entendimiento, si queremos que el Espíritu de Dios nos las recuerde en el momento de peligro. “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” (Salmo 119:11) (El conflicto de los siglos, p. 658).

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