Notas de Elena | Lunes 24 de julio 2017 | Cimentados en la Escritura | Escuela Sabática

Lunes 24 de julio: Cimentados en la Escritura
Cuando se despierte un amor verdadero por la Biblia, y el estudiante empiece a ver cuán vasto es el campo y cuán precioso su te-soro, deseará echar mano de toda oportunidad que se le presente para familiarizarse con la Palabra de Dios. Su estudio no se limitará a un tiempo y un lugar determinados. Y este estudio continuo es uno de los mejores medios de cultivar el amor hacia las Escrituras. El estudiante debería tener siempre consigo la Biblia. Si tenéis una oportunidad, leed un texto y meditad en él. Mientras andáis por la calle, esperáis en la estación del ferrocarril, o en el lugar de una cita, aprovechad la oportunidad de adquirir algún pensamiento del tesoro de la verdad…
La hermosura exterior de las Escrituras, la belleza de las imágenes y la expresión, no es sino el engarce, por así decirlo, de su verdadera joya: La belleza de la santidad. En la historia que ofrece de los hombres que anduvieron con Dios, podemos ver fulgores de su gloria. En el que es “del todo amable” contemplamos a Aquel de quien toda la belleza del cielo y de la tierra no es más que un pálido pp. 191, 192).
reflejo… A medida que el estudiante de la Biblia contempla al Redentor, se despierta en el alma el misterioso poder de la fe, la adoración y el amor. La mirada se fija en la visión de Cristo y el que observa se asemeja cada vez más a lo que adora (La educación, pp. 191, 192).
No hay ningún desacuerdo entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. En el Antiguo Testamento encontramos el evangelio de un Salvador venidero; en el Nuevo Testamento tenemos el evangelio de un Salvador revelado como fue dicho por la profecía. Mientras que el Antiguo Testamento constantemente señala hacia la ofrenda verdadera, el Nuevo Testamento demuestra que ha llegado el Salvador prefigurado por las ofrendas típicas. La tenue gloria de la edad judía ha sido sucedida por la gloria más brillante, más clara de la edad cristiana (The Faith I Live By, p. 12).
No podemos permitir que nuestro tiempo se mantenga ocupado de tal manera con cosas de naturaleza temporal—ni siquiera con asuntos que tienen que ver con la causa de Dios—, que pase un día tras otro sin que nos acerquemos al costado sangrante de Jesús. Necesitamos sostener una comunión diaria con él. Se nos exhorta a que peleemos la buena batalla de la fe. Para mantener una vida de fe ardiente se necesita pelear una batalla viva; si nos entregamos totalmente a Cristo, con la determinación inquebrantable de aferramos únicamente a él, seremos capaces de rechazar al enemigo y de ganar una victoria gloriosa. El apóstol Pablo nos exhorta: “No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón”. Luego agrega: “Mas el justo vivirá por fe”…
Oremos mucho más cuanto menos sintamos la inclinación de tener comunión con Jesús. Si así lo hacemos quebraremos las trampas de Satanás, desaparecerán las nubes de oscuridad, y gozaremos de la dulce presencia de Jesús (Exaltad a Jesús, p. 366).

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