Notas de Elena | Lunes 11 de septiembre 2017 | El conflicto del cristiano | Escuela Sabática

Lunes 11 de septiembre: El conflicto del cristiano
No basta comprender la amante bondad de Dios ni percibir la benevolencia y ternura paternal de su carácter. No basta discernir la sabiduría y justicia de su ley, ver que está fundada sobre el eterno principio del amor. El apóstol Pablo veía todo esto cuando exclamó: “Consiento en que la ley es buena,” “la ley es santa, y el mandamiento, santo y justo y bueno;” mas, en la amargura de su alma agonizante y desesperada, añadió: “Soy camal, vendido bajo el poder del pecado” (Romanos 7:16, 12, 14). Ansiaba la pureza, la justicia que no podía alcanzar por sí mismo, y dijo: “¡Oh hombre infeliz que soy! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24). La misma exclamación ha subido en todas partes y en todo tiempo, de corazones cargados. Para todos ellos hay una sola con-testación: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29) (El camino a Cristo, p. 19).
Es por la renovación del corazón como la gracia de Dios obra para transformar la vida. Ningún mero cambio externo es suficiente para ponemos en armonía con Dios. Hay muchos que tratan de re-formarse corrigiendo este mal hábito o aquel mal hábito y esperan hacerse cristianos en esa forma, pero están comenzando en el lugar equivocado. Nuestra primera obra es dentro del corazón…
La levadura de la verdad obra secreta, silenciosa, continuamente para transformar el alma. Las inclinaciones naturales son suavizadas y subyugadas. Son implantados nuevos pensamientos, nuevos sentimientos, nuevos motivos. Se establece una nueva norma de carácter: la vida de Cristo. La mente se cambia; las facultades se despiertan para actuar en nuevas líneas. El hombre no es dotado con nuevas facultades sino que las facultades son santificadas. La conciencia se despierta (En los lugares celestiales, p. 23).
Las sublimes verdades de la Biblia son para nosotros individual-mente; para regir, guiar y controlar nuestra vida, porque ésta es la única manera mediante la cual Cristo puede ser representado adecuadamente ante el mundo; mediante la gracia y hermosura del ca-rácter de todos los que profesan ser sus discípulos. Nada menos que un servicio de corazón será aceptable para Dios. Él requiere la santificación del ser entero: cuerpo, alma y espíritu. El Espíritu Santo implanta una nueva criatura y modela el carácter humano mediante la gracia de Cristo, hasta que la imagen de Jesús es perfecta. Esto es verdadera santidad…
El espíritu que ustedes manifiestan, sus palabras e influencia, causan impresiones en las mentes de otros. Si la atmósfera que rodea el alma es mala, será como una malaria espiritual que envenenará a los que estén alrededor. Pero es beneficioso para el alma tener una atmósfera que sea para otros sabor de vida para vida. Cuando el ser está lleno de la verdad que obra por el amor y purifica el alma, lo impregna una atmósfera celestial (Alza tus ojos, p. 25).

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