Notas de Elena | Lunes 1 de octubre 2018 | Las consecuencias de la caída | Escuela Sabática

Lunes 1 de octubre: Las consecuencias de la caída
Después que Adán y Eva habían participado del fruto prohibido, se llenaron de vergüenza y terror. Al principio, su único pensamiento era cómo excusar su pecado ante Dios y escapar la temible sentencia de muerte. Cuando el Señor le preguntó en cuanto a su pecado, Adán respondía atribuyéndole la culpa en parte a Dios y en parte a su compañera: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. La mujer le echó la culpa a la serpiente declarando: “La serpiente me engañó, y yo comí. Génesis 3:12, 13. ¿Por qué creaste la serpiente? ¿Por qué le permitiste entrar en el Edén?” Estas fueron las preguntas que se daban a entender en las excusas que ofrecieron por su pecado; de hecho, culpaban directamente a Dios por haber caído. El espíritu de la justificación propia se originó en el padre de las mentiras y se ha manifestado en todos los hijos e hijas de Adán. Esta clase de confesiones no son inspiradas por el divino Espíritu y no serán aceptables ante Dios. El verdadero arrepentimiento hará que el hombre sobrelleve su propia culpa y que la reconozca sin disimulo e hipocresía (Testimonios para la iglesia, t. 5, p. 599).
La vida de Adán fue una vida de tristeza, humildad y continuo arrepentimiento. Al enseñar a sus hijos y a sus nietos a temer a Jehová, con frecuencia se le reprochó amargamente su pecado, que había causado tanta miseria a su posteridad. Cuando salió del hermoso Edén, el pensamiento de que debía morir lo sacudió de horror. La muerte le pareció una terrible calamidad. Por primera vez se puso en contacto con la tremenda realidad de la muerte en la familia humana cuando su propio hijo Caín asesinó a su hermano Abel. Lleno de amargo remordimiento por causa de su propia transgresión, privado de su hijo Abel, con plena conciencia de que Caín era asesino, y reconociendo la maldición que Dios había pronunciado sobre él, el corazón de Adán se quebrantó de dolor. Con mucha amargura se reprochó su primer gran pecado. Suplicó el perdón de Dios por medio del Sacrificio prometido. Sentía profundamente la ira de Dios por el crimen perpetrado en el paraíso. Fue testigo de la corrupción general que finalmente obligó a Dios a destruir a los habitantes de la tierra por medio de un diluvio. La sentencia de muerte que había pronunciado sobre él su Hacedor, que al principio le había parecido terrible, después de haber vivido algunos siglos le pareció justa y misericordiosa de parte de Dios, pues ponía fin a una vida miserable.
Cuando Adán vio las primeras señales de decadencia en la naturaleza, cuando cayeron las hojas y se marchitaron las flores, se lamentó mucho más de lo que los hombres en la actualidad se lamentan por causa de sus muertos. Las flores marchitas no eran la mayor causa de su pena, por ser más tiernas y delicadas, sino los altos, nobles y robustos árboles que perdían sus hojas y se deterioraban; eran para él un preanuncio de la destrucción general de la hermosa naturaleza que Dios había creado para que beneficiara especialmente al hombre (La historia de la redención, p. 57).
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Notas de Elena para la Escuela Sabática – Lección 1
Esta semana estudiaremos la lección 1 – La Creación y la caída
Para el 6 de octubre de 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Cuarto trimestre 2018
UNIDAD EN CRISTO
Narración: Maira Fermin

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