Notas de Elena | Jueves 9 de junio 2016 | Velar | Escuela Sabática
Jueves 9 de junio: Velar
Los tiempos y las sazones son del dominio exclusivo de Dios. ¿Y por qué no nos ha dado Dios este conocimiento? Porque no haríamos un uso correcto de él si nos lo diera. De este conocimiento resultaría un estado de cosas tal entre nuestros hermanos que retardada grandemente la obra de Dios de preparar un pueblo que permanezca en pie en el gran día que ha de venir. No hemos de embarcamos en especulaciones con respecto a los tiempos y las sazones que Dios no ha revelado. Jesús dijo a sus discípulos que velaran, pero no respecto a un tiempo definido. Sus seguidores han de estar en la posición de aquellos que escuchan las ordenes de su Capitán; han de vigilar, esperar, orar y trabajar, mientras se acerca el tiempo para la venida del Señor; pero nadie podrá predecir justamente cuándo vendrá ese tiempo; pues “el día y hora nadie sabe”. No podéis decir que él vendrá de aquí a un año, o dos, o cinco años, ni tampoco debéis postergar su venida declarando que no ocurrirá antes de diez o de veinte años… No hemos de saber el tiempo definido, ni del derramamiento del Espíritu Santo ni de la venida de Cristo (El evangelismo, pp. 164, 165).
Aquel siervo malo que dice en su corazón: “Mi Señor se tarda en venir” (Mateo 24:48), profesa estar aguardando a Cristo. Es un “siervo” exteriormente dedicado al servicio de Dios, mientras que en su corazón ha cedido a Satanás. No niega abiertamente la verdad, como el escarnecedor, sino que revela en su vida el sentir de su corazón, a saber, que la venida del Señor se tarda. La presunción lo vuelve negligente de los intereses eternos. Acepta las máximas del mundo y se conforma a sus costumbres y prácticas. En él predominan el egoísmo, el orgullo mundanal y las ambiciones. Temiendo que sus hermanos ocupen un puesto más elevado que él mismo, empieza a hablar despectivamente de sus esfuerzos y a impugnar sus motivos. Así hiere a sus consiervos… Su mal se inició cuando comenzó a descuidar la vigilancia y la oración secreta. Luego sacrificó otros deberes religiosos, y así se abrió la puerta para todos los pecados que siguieron. Cada cristiano será asaltado por las seducciones del mundo, los clamores de la naturaleza camal, y las tentaciones directas de Satanás. Nadie está seguro. Cualquiera que haya sido nuestra experiencia, por elevada que sea nuestra posición, necesitamos velar y orar de continuo. Debemos ser dominados diariamente por el Espíritu de Dios o seremos dominados por Satanás. Las instrucciones que dio el Salvador a sus discípulos estaban destinadas a beneficiar a sus seguidores de toda época. Cuando dijo: “Mirad por vosotros” (Lucas 21:34), tenía en vista a los que vivirían cerca del fin del tiempo (Joyas de los testimonios, t. 2, pp. 14, 15).

Viernes 10 de junio: Para estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 581-591.

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