Notas de Elena | Jueves 5 de mayo 2016 | Observancia del sábado | Escuela Sabática
Jueves 5 de mayo: Observancia del sábado
De acuerdo con el cuarto mandamiento, el sábado fue dedicado al descanso y culto religioso. Todo asunto secular debía ser suspendido, pero las obras de misericordia y benevolencia estaban en armonía con el propósito del Señor. Estas obras no estaban limitadas ni por el lugar ni por el tiempo. Aliviar a los afligidos y consolar a los tristes es un trabajo de amor que realmente honra el santo día de Dios (El ministerio de la bondad, p. 81).
A fin de santificar el sábado, no es necesario que nos encerremos entre paredes, y que nos privemos de las hermosas escenas de la naturaleza, del aire libre y vigorizador y de la hermosura del cielo. En ningún caso debemos permitir que las cargas y las transacciones comerciales distraigan nuestra mente en el sábado del Señor que él ha santificado. No debemos permitir que nuestra mente se espacie siquiera en cosas de carácter mundanal. Pero la mente no puede ser refrigerada, vivificada y elevada si quedamos encerrados durante casi todas las horas del sábado entre paredes, escuchando largos sermones y oraciones tediosas y formales. El sábado del Señor recibe un uso erróneo si se lo celebra así. No se alcanza el objeto para el cual fue instituido. El sábado fue hecho para el hombre, para beneficiarle al apartar su espíritu de la labor secular a fin de que contemple la bondad y la gloria de Dios. Es necesario que el pueblo de Dios se reúna para hablar de él, para intercambiar pensamientos e ideas acerca de las verdades contenidas en su Palabra, y dedicar una parte del tiempo a la oración apropiada. Pero estos momentos, aun en sábado, no deben ser hechos tediosos por su dilación y falta de interés (Joyas de los testimonios, tomo 1, pp. 276, 277).
Nuestras vidas deben estar escondidas con Cristo en Dios. Debemos tener un conocimiento personal de Cristo. Solo entonces podremos representarlo correctamente ante el mundo. Doquiera estemos debemos permitir que nuestra luz resplandezca para gloria de Dios en buenas obras. Esta es la grande e importante obra de nuestras vidas. Quienes están realmente bajo la influencia del Espíritu Santo, revelarán su poder por medio de una aplicación práctica de los eternos principios de verdad (Reflejemos a Jesús, p. 122).
Haced de la obra de Cristo vuestro ejemplo. Constantemente él iba haciendo el bien: alimentando al hambriento y curando al enfermo. Ninguno que se allegó a él en busca de simpatía se sintió chasqueado. El Príncipe de las cortes celestiales, se hizo carne y habitó entre nosotros, y su vida de trabajo es un ejemplo de la obra que nosotros debemos realizar. Su tierno, misericordioso amor censura nuestro egoísmo e indiferencia (El ministerio de la bondad, p. 57).

Viernes 6 de mayo: Para estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 171-184.

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