Notas de Elena | Jueves 4 de agosto 2016 | En medio de una generación perversa | Escuela Sabática


Jueves 4 de agosto: En medio de una generación perversa
Debemos educar el alma para que sea compasiva, suave y dulce, perdonadora y piadosa. Cuando rechazamos la vanidad y la charla necia, las bromas y las chanzas, no por ello nos volvemos fríos, insociables ni poco comprensivos. El Espíritu del Señor debe reposar sobre vosotros hasta que seáis como una flor fragante del jardín de Dios. Debéis hablar constantemente de la luz, de Jesús, el Sol de justicia, hasta que seáis transformados de gloria en gloria, de carácter en carácter, adquiriendo mayor fortaleza y reflejando cada vez más la preciosa imagen de Jesús.
Cristo está siempre dispuesto a impartir sus dones; nosotros debemos recoger las gemas que descienden de él, para que, al hablar, aquéllas se desprendan de nuestros labios (Meditaciones matinales 1952, p. 202).
El ejemplo de los seguidores de Cristo en Antioquía debería constituir una inspiración para todo creyente que vive en las grandes ciudades del mundo hoy. Aunque es plan de Dios que escogidos y consagrados obreros de talento se establezcan en los centros importantes de población para dirigir esfuerzos públicos, es también su propósito que los miembros de la
iglesia que viven en esas ciudades usen los talentos que Dios les ha dado trabajando por las almas. May en reserva ricas bendiciones para los que se entreguen plenamente al llamamiento de Dios. Mientras esos obreros se esfuercen por ganar almas para Jesús, hallarán que muchos que nunca hubieran sido alcanzados de otra manera están listos para responder al esfuerzo personal inteligente (Los hechos de los apóstoles, p. 128).
Si deseamos ser verdaderas luces en el mundo, debemos manifestar el espíritu bondadoso y compasivo de Cristo. Para amar como Cristo amó debemos poner en práctica el dominio propio. Tenemos que revelar abnegación en todo momento y lugar. Debemos emplear palabras amables y tener una expresión agradable. Todo esto no cuesta nada al dador, y sin embargo al pasar deja una deliciosa fragancia. No es posible estimar la influencia benéfica que esas acciones ejercen. Son una bendición no solamente para el favorecido, sino también para el dador; porque se reflejan sobre este último. El amor genuino es un valioso atributo de origen celestial, que se vuelve más fragante a medida que se entrega a los demás…
Dios desea que sus hijos recuerden que, para glorificarle, deben depositar su afecto en aquellos que más lo necesitan. No se debe descuidar a ninguna persona con quien nos relacionemos. No debemos manifestar egoísmo ante nuestros semejantes por palabra, acción ni con nuestra mirada, sean éstos ricos o pobres, humildes o poderosos. El amor que dirige palabras bondadosas a unos pocos, pero trata a otros con frialdad e indiferencia, no es amor, sino egoísmo. Nunca obrará para el bien de las almas o la gloria de Dios. No debemos concentrar nuestro amor en uno o dos objetos del mismo.
Los que reciben el resplandor de la justicia de Cristo, pero se niegan a transmitirlo a la vida de los demás, pronto perderán los dulces y esplendorosos rayos de la gracia celestial, que reservaban egoístamente para prodigarlos sobre unos pocos… No se debe permitir que el yo reúna unos pocos escogidos junto a sí, sin dejar nada para los que necesitan más ayuda que nadie. No debemos reservar nuestro amor para un grupo especial. Quebremos el frasco, y el aroma saturará toda la casa (Dios nos cuida, p. 46).
Viernes 5 de agosto: Para estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 238-247.

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