Notas de Elena | Jueves 28 de abril 2016 | Causa perdida | Escuela Sabática
Jueves 28 de abril: Causa perdida
Debemos establecer una acérrima enemistad entre nuestra alma y nuestro enemigo; pero debemos abrir nuestro corazón al poder y la influencia del Espíritu Santo. Queremos que la oscuridad de Satanás sea rechazada, y que la luz del cielo fluya. Queremos tomarnos tan sensibles a las santas influencias, que el menor susurro de Jesús mueva nuestras almas…Entonces nos deleitará hacer la voluntad de Dios, y Cristo nos manifestará ante Dios y los santos ángeles como los que estamos en él, y no se avergonzará de llamamos hermanos. Pero no alardearemos de nuestra santidad. Al comprender mejor la infinita pureza de Cristo, sentiremos como Daniel cuando contempló la gloria del Señor y dijo: “Mi fuerza se cambió en desfallecimiento” (Daniel 10:8). No podemos decir: “Yo no tengo pecado”, hasta que este cuerpo vil sea cambiado y transformado a la semejanza de su cuerpo divino. Pero si procuramos constantemente seguir a Jesús, tenemos la bendita esperanza de estar ante el trono de Dios sin mancha ni arruga, completos en Cristo, ataviados con su justicia y perfección ({A fin de conocerle, p. 363). Toda manifestación del poder de Dios en favor de su pueblo despierta la enemistad de Satanás. Cada vez que Dios obra en su favor, Satanás y sus ángeles obran con renovado vigor para lograr su mina. Tiene celos de todos aquellos que hacen de Cristo su fuerza. Su objeto consiste en instigar al mal, y cuando tiene éxito arroja toda la culpa sobre los tentados. Señala sus ropas contaminadas, sus caracteres deficientes. Presenta su debilidad e insensatez, su pecado e ingratitud, su carácter distinto al de Cristo, que ha deshonrado a su Redentor. Todo esto lo presenta como un argumento que prueba su derecho a destruirlos a voluntad. Se esfuerza por espantar sus almas con el pensamiento de que su caso no tiene esperanza, que la mancha de su contaminación no podrá nunca lavarse. Espera destruir así su fe, a fin de que cedan plenamente a sus tentaciones, y abandonen su fidelidad a Dios. Los hijos del Señor no pueden contestar las acusaciones de Satanás. Al mirarse a sí mismos, están listos a desesperar, pero apelan al divino Abogado. Presentan los méritos del Redentor. Dios puede ser “justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”. Con confianza los hijos del Señor le suplican que acalle las acusaciones de Satanás, y anule sus lazos. “Hazme justicia de mi adversario”, ruegan; y con el poderoso argumento de la cruz, Cristo impone silencio al atrevido acusador (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 132, 133).
Viernes 29 de abril: Para estudiar y meditar
El conflicto de los siglos, pp. 639-650.

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