Notas de Elena | Jueves 23 de junio 2016 | La Gran Comisión | Escuela Sabática


Jueves 23 de junio: La Gran Comisión
Así como los discípulos salieron para proclamar el evangelio llenos con el poder del Espíritu, también los siervos de Dios deben salir hoy. A nuestro alrededor hay campos blancos para la siega. Esos campos deben cosecharse. Debemos llevar la Palabra, llenos con un abnegado deseo de proclamar el mensaje de misericordia a los que están en las tinieblas del error y la incredulidad…
El Señor Dios ha hecho la promesa eterna de proporcionar poder y gracia a todos los que están santificados mediante la obediencia a la verdad. Jesucristo, a quien se le dio todo el poder en el cielo y en la tierra, se une en simpatía con sus instrumentos, las almas sinceras que día a día participan del pan viviente “que descendió del cielo” (Juan 6:33). La iglesia en la tierra, unida con la iglesia en el cielo, puede realizar todas las cosas (A fin de conocerle, p. 346).
A Cristo, y solo a él, se le da derecho y autoridad sobre todas las cosas. Los que pongan su confianza en él, y mantengan su profesión de fe firme hasta el fin, serán protegidos. Como discípulos de Cristo, como colaboradores suyos, debiéramos actuar íntimamente unidos. Algunos se convierten a la verdad de una manera, y a otros se los puede alcanzar mediante la aplicación de un método diferente. Por eso los obreros deben trabajar, unos en una forma, otros en otra, pero íntimamente unidos. A cada cual se le asigna su tarea…
El glorioso evangelio, el mensaje del amor redentor de Dios, debe llegar a toda la gente, y se debe manifestar en el corazón de los obreros. El tema de la gracia salvadora es un antídoto para la aspereza de espíritu.
El amor de Cristo en el corazón se manifestará mediante una obra ferviente en favor de la salvación de las almas (Cada día con Dios, p. 297).
El Señor obra en forma incesante, y mientras todo el cielo participa en la tarea de conducir a los pecadores a Cristo y al arrepentimiento, ¿qué están haciendo sus discípulos para ser canales de luz y así cooperar con los agentes divinos? Se están preguntando diariamente: “Señor, ¿qué quieres que haga?” (Hechos 9:6). A semejanza de Jesús, ¿están practicando el renunciamiento propio? ¿Están profundamente conmovidos y sus corazones se derraman en oración a Dios para que los haga objeto de su gracia y les conceda sabiduría por el Espíritu Santo para trabajar con habilidad, dedicando también sus recursos para salvar a los que perecen sin Cristo? (Recibiréis poder, p. 178).
Las buenas obras son el fruto que Cristo quiere que llevemos; las palabras bondadosas, los hechos de benevolencia, de tierna consideración para con el pobre, el necesitado, el afligido. Cuando los corazones simpatizan con otros corazones agobiados por el desánimo y el pesar, cuando la mano se extiende para ayudar al necesitado, cuando se viste a los desnudos, y el forastero recibe la bienvenida a vuestra casa y a vuestro corazón, los ángeles llegan muy cerca, y semejante acción halla respuesta en el cielo. Todo acto de justicia, misericordia y benevolencia, produce melodía en el cielo (Servicio cristiano, p. 234).

Viernes 24 de junio: Para estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 706-713; 757-768.

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