Notas de Elena | Jueves 2 de febrero 2017 | Vida centrada en el yo versus vida centrada en Cristo | Escuela Sabática


Jueves 2 de febrero: Vida centrada en el yo versus vida centrada en Cristo
“Yo soy la Vid, vosotros los pámpanos”, dijo Cristo a sus discípulos. Aunque él estaba por ser arrebatado de entre ellos, su unión espiritual con él no había de cambiar. La unión del sarmiento con la vid, dijo, representa la relación que habéis de sostener conmigo. El pámpano está injertado en la vid viviente, y fibra tras fibra, vena tras vena, va creciendo en el tronco. La vida de la vid llega a ser la vida del pámpano. Así también el alma muerta en delitos y pecados recibe vida por su unión con Cristo. Por la fe en él como Salvador personal, se forma esa unión. El pecador une su debilidad a la fuerza de Cristo, su vacuidad a la plenitud de Cristo, su fragilidad a la perdurable potencia de Cristo. Entonces tiene el sentir de Cristo. La humanidad de Cristo ha tocado nuestra humanidad, y nuestra humanidad ha tocado la divinidad. Así, por la intervención del Espíritu Santo, el hombre viene a ser participante de la naturaleza divina. Es acepto en el Amado.
Esta unión con Cristo, una vez formada, debe ser mantenida… Este no es un contacto casual, ninguna unión que se realiza y se corta luego. El sarmiento llega a ser parte de la vid viviente. La comunicación de la vida, la fuerza y el carácter fructífero de la raíz a las ramas se verifica en forma constante y sin obstrucción. Separado de la vid, el sarmiento no puede vivir. Así tampoco, dijo Jesús, podéis vivir separados de mí. La vida que habéis recibido de mí puede conservarse únicamente por la comunión continua. Sin mí, no podéis vencer un solo pecado, ni resistir una sola tentación.
“Estad en mí, y yo en vosotros”. El estar en Cristo significa recibir constantemente de su Espíritu, una vida de entrega sin reservas a su servicio. El conducto de comunicación debe mantenerse continuamente abierto entre el hombre y su Dios. Como el sarmiento de la vid recibe constantemente la savia de la vid viviente, así hemos de aferramos a Jesús y recibir de él por la fe la fuerza y la perfección de su propio carácter (El Deseado de todas las gentes, pp. 629, 630).
No traslade las cosas desagradables del pasado a su vida presente. Testimonie que la vida con Cristo no es un fracaso. Hable de Cristo, déjelo ser su compañero. Deseche a Satanás, camine con Jesús, y alcance la plenitud en El. Nunca dé al enemigo la satisfacción de que lo vitupere a Ud. o a otros, diciendo que nuestra fe es un engaño, una ilusión.
El Espíritu Santo debe realizar una obra en el corazón; cuando esté concluida, las aguas amargas ya no brotarán, sino que se cumplirá la promesa: “El agua que yo le daré será en él una fúente de agua que salte para vida eterna”. Juan 4:14. Solo es posible sostenerse en Dios. Cuando el corazón se reconcilie con el Señor, esta realidad se pondrá de manifiesto en su relación con sus hermanos. Se verá que Cristo está morando en el templo del alma (Alza tus ojos, p. 312).
El desarrollo del carácter cristiano, dada su tendencia a alcanzar tal estado de perfección, es un crecimiento hacia la belleza… Cuando el corazón se transforma merced a la renovación de la mente, las virtudes del Espíritu graban su impresión en nuestro rostro, y éste expresa el refinamiento y la delicadez, la paz y la benevolencia y el amor puro y tierno que reinan en el corazón…
Dad “gracias siempre de todo al Dios y Padre” (Mi vida hoy, p. 157).
Viernes 3 de febrero: Para estudiar y meditar
Nuestra elevada vocación, p. 237.

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