Notas de Elena | Jueves 16 de junio 2016 | La negación de Pedro | Escuela Sabática


Jueves 16 de junio: La negación de Pedro
Pedro siguió a su Señor después de la entrega, pues anhelaba ver lo que iban a hacer con Jesús; pero cuando lo acusaron de ser uno de sus discípulos, temió por su vida y declaró que no conocía al hombre. Se distinguían los discípulos de Jesús por la honestidad de su lenguaje, y para convencer a sus acusadores de que no era discípulo de Cristo, Pedro negó la tercera vez lanzando imprecaciones y juramentos. Jesús, que estaba a alguna distancia de Pedro, le dirigió una mirada triste de reconvención. Entonces el discípulo se acordó de las palabras que le había dirigido Jesús en el cenáculo, y también recordó que él había contestado diciendo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré”. Pedro acababa de negar a su Señor con imprecaciones y juramentos, pero aquella mirada de Jesús conmovió su corazón y lo salvó. Con amargas lágrimas se arrepintió de su grave pecado, se convirtió y estuvo entonces preparado para confirmar a sus hermanos (Primeros escritos, pp. 169, 170).
Los grandes hombres, y los que profesan ser sumamente buenos, pueden llevar a cabo obras terribles impulsados por su fanatismo y por lo exaltado del cargo que ocupan, y vanagloriarse al mismo tiempo de que están sirviendo a Dios. No conviene confiar en ellos. Usted y yo necesitamos a toda costa la verdad bíblica. Como los nobles bereanos, tenemos que escudriñar cada día las Escrituras con ferviente oración, para conocer la verdad, y entonces obedecerla a toda costa sin hacer caso de la opinión de los hombres grandes o buenos (Cada día con Dios, p. 319).
La vida en Cristo es una vida de reposo. Puede no haber éxtasis de la sensibilidad, pero debe haber una confianza continua y apacible. Vuestra esperanza no está en vosotros; está en Cristo. Vuestra debilidad está unida a su fuerza, vuestra ignorancia a su sabiduría, vuestra fragilidad a su eterno poder. Así que no debéis miraros a vosotros, ni depender de vosotros, mas mirad a Cristo. Pensad en su amor, en su belleza y en la perfección de su carácter. Cristo en su abnegación, Cristo en su humillación, Cristo en su pureza y santidad, Cristo en su incomparable amor: esto es lo que debe contemplar el alma. Amándole, imitándole, dependiendo enteramente de él, es como seréis transformados a su semejanza.
Jesús dice: “Permaneced en mí”. Estas palabras dan idea de descanso, estabilidad, confianza. También nos invita: “¡Venid a mí… y os daré descanso!” (Mateo 11:28). Las palabras del salmista expresan el mismo pensamiento: “Confía calladamente en Jehová, y espérale con paciencia”. E Isaías asegura que “en quietud y confianza será vuestra fortaleza” (Salmo 37:7; Isaías 30:15). Este descanso no se funda en la inactividad: porque en la invitación del Salvador la promesa de descanso está unida con el llamamiento al trabajo: “Tomad mi yugo sobre vosotros, y… hallaréis descanso” (Mateo 11:29). El corazón que más plenamente descansa en Cristo es el más ardiente y activo en el trabajo para él (El camino a Cristo, pp. 70, 71).

Viernes 17 de junio: Par estudiar y meditar
El Deseado de todas las gentes, pp. 636-646; 663-670.

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