Notas de Elena | Jueves 15 de septiembre 2016 | Alcanzar las ciudades | Escuela Sabática


Jueves 15 de septiembre:
Alcanzar las ciudades

Los que trabajan para Cristo nunca han de pensar, y mucho menos hablar, acerca de fracasos en su obra. El Señor Jesús es nuestra eficiencia en todas las cosas; su Espíritu ha de ser nuestra inspiración; y al colocamos en sus manos para ser conductos de luz, nunca se agotarán nuestros medios de hacer bien. Podemos allegamos a su plenitud, y recibir de la gracia que no tiene límites. Cuando nos entregamos completamente a Dios y en nuestra obra seguimos sus instrucciones, él mismo se hace responsable de su realización. Él no quiere que conjeturemos en cuanto al éxito de nuestros sinceros esfuerzos. Nunca debemos pensar en el fracaso. Hemos de cooperar con Uno que no conoce el fracaso (Servicio cristiano, p. 323).
El pueblo de Dios no se debe concentrar en un solo lugar. La palabra del Señor para ellos es: “Te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda” (Isaías 54:3). Tienen que establecerse en todas partes. Tienen que proclamar la verdad para este tiempo en todo lugar. Aquellos en cuyos corazones ha resplandecido la luz, deben recordar que son obreros de Dios, sus testigos. Servirlo y honrarlo debe ser su ciencia. Deben invitar a otros para que guarden sus mandamientos y vivan. La obediencia a la ley de Dios es el asunto que ha de probar al mundo… Hay que proclamar la verdad a todo pueblo, nación y tribu. Ha llegado el tiempo de realizar una obra agresiva en las ciudades, y en todos los territorios descuidados, donde no se ha trabajado (Cada día con Dios, p. 325).
¿Os dais cuenta de que cada año miles y miles y decenas de miles de almas están pereciendo, muriendo en sus pecados? Las plagas y los juicios ya están casi haciendo su obra, y las almas van a la ruina porque la luz de la verdad no ha resplandecido sobre su sedero. ¿Creemos plenamente que hemos de llevar la Palabra de Dios a todo el mundo? ¿Quién cree esto? “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” ¿Quién tiene la fe que lo induzca a llevar a la práctica esta palabra? ¿Quién cree en la luz que Dios ha dado? (Testimonios para los ministros, p. 405).

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