Notas de Elena | Jueves 1 de septiembre 2016 | Favor con todas las personas | Escuela Sabática


Jueves 1 de septiembre: Favor con todas las personas
Los hijos de Israel habían de ocupar todo el territorio que Dios les había señalado. Habían de ser desposeídas las naciones que rechazaran el culto y el servicio al verdadero Dios. Pero el propósito de Dios era que por la revelación de su carácter mediante Israel, los hombres fueran atraídos a él. A todo el mundo se le dio la invitación del evangelio. Por medio de la enseñanza del sistema de sacrificios, Cristo había de ser levantado delante de las naciones, y habían de vivir todos los que lo miraran. Todos los que, como Rahab la cananea, y Rut la moabita, se volvieran de la idolatría al culto del verdadero Dios, habían de unirse con el pueblo escogido. A medida que aumentara el número de los israelitas, éstos habían de ensanchar sus fronteras, hasta que su reino abarcara el mundo.
Dios deseaba colocar todas las naciones bajo su gobierno misericordioso. Deseaba que la tierra se llenara de gozo y paz. Creó al hombre para la felicidad, y anhela llenar el corazón humano con la paz del ciclo. Desea que las familias terrenales sean un símbolo de la gran familia celestial (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 232, 233).
Después del derramamiento del Espíritu Santo, los discípulos salieron para proclamar al Salvador resucitado, poseídos del único deseo de salvar almas. Se regocijaban en la dulzura de la comunión con los santos. Eran afectuosos, atentos, abnegados, dispuestos a hacer cualquier sacrificio en favor de la verdad. En sus relaciones cotidianas unos con otros, manifestaban el amor que Cristo les había ordenado revelar al mundo. Por sus palabras y sus acciones desinteresadas, se esforzaban por encender este amor en otros corazones.
Los creyentes debían continuar cultivando el amor que llenaba el corazón de los apóstoles después del derramamiento del Espíritu Santo. Debían proseguir adelante y obedecer gustosos al nuevo mandamiento: “Como os he amado, que también os améis los unos a los otros” (S. Juan 13:34). Debían vivir tan unidos con Cristo que se verían capacitados para cumplir sus requerimientos. Debían ensalzar el poder de un Salvador que podía justificarlos por su justicia (Joyas de los testimonios, tomo 3, pp. 244, 245).
Cuando la gracia de Cristo se exprese en las palabras y obras de los creyentes, la luz brillará hacia los que están en tinieblas, pues mientras los labios pronuncien la alabanza de Dios, la mano se extenderá para ayudar a los que perecen. Leemos que en el día de Pentecostés, cuando descendió el Espíritu Santo sobre los discípulos, nadie dijo que algo de lo que poseía era suyo. Todo lo que tenían fue entregado para el adelanto de una reforma admirable. Y millares se convirtieron en un día. Cuando el mismo espíritu actúe en los creyentes de hoy y devuelvan a Dios lo que es suyo con la misma liberalidad, se realizará una amplia obra muy abarcante (£7 ministerio de la bondad, p. 285).
Viernes 2 de septiembre: Para estudiar y meditar
El ministerio de la bondad, pp. 86-91; El Deseado de todas las gentes, pp. 472-476.

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