Notas de Elena | Domingo 8 de julio del 2018 | La venida del espíritu | Escuela Sabática

Domingo 8 de julio: La venida del espíritu
Después de la ascensión de Cristo, los discípulos se reunieron en un lugar para suplicar humildemente a Dios. Y después de escudriñar el corazón y de realizar un examen personal durante diez días, quedó preparado el camino para que el Espíritu Santo entrara en los templos del alma limpios y consagrados. Cada corazón quedó lleno con el Espíritu como si Dios quisiera mostrar a su pueblo que era su prerrogativa bendecirlos con la más escogida de las bendiciones celestiales… La espada del Espíritu refulgió a diestra y siniestra. Dotada de un nuevo poder penetró hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos. La idolatría que había estado mezclada con el culto del pueblo fue desterrada. Se añadió nuevo territorio al reino de Dios. Lugares que habían sido improductivos y que habían estado desolados hicieron oír sus alabanzas a él (El evangelismo, p. 506).
El Espíritu Santo es el aliento de la vida espiritual. El impartimiento del Espíritu es el apartimiento de la vida de Cristo. Comunica al que lo recibe los atributos de Cristo. Únicamente aquellos que han sido así enseñados de Dios, los que experimentan la operación interna del Espíritu y en cuya vida se manifiesta la vida de Cristo, han de destacarse como hombres representativos, que ministren en favor de la iglesia (El Deseado de todas las gentes, p. 745).
Por medio del Espíritu es como el corazón se vuelve puro. Por medio del Espíritu el creyente participa de la divina naturaleza. Cristo ha dado su Espíritu como una fuerza divina que nos capacitará para vencer todas las tendencias hereditarias y cultivadas que nos arrastran hacia el mal y que grabará su propio carácter en su iglesia…
Cuando el Espíritu de Dios se posesiona del corazón, transforma la vida, se desechan los pensamientos, se renuncia a las malas acciones; el amor, la humildad y la paz ocupan el lugar de la ira, la envidia y las rencillas. La tristeza es desplazada por la alegría y el semblante refleja el gozo del cielo. Nadie ve la mano que levanta la carga ni ve cómo desciende la luz de los atrios celestiales. La bendición llega cuando por fe el alma se entrega a Dios. Entonces ese poder que ningún ojo humano puede ver, crea un nuevo ser a la imagen de Dios (Mi Vida hoy, p. 47).
Se oye el viento entre las ramas de los arboles, por el susurro que produce en las hojas y las flores; sin embargo es invisible, y nadie sabe de dónde viene ni adónde va. Así sucede con la obra del Espíritu Santo en el corazón. Es tan inexplicable como los movimientos del viento. Puede ser que una persona no pueda decir exactamente la ocasión ni el lugar en que se convirtió, ni distinguir todas las circunstancias de su conversión; pero esto no significa que no se haya convertido. Mediante un agente tan invisible como el viento, Cristo obra constantemente en el corazón (El Deseado de todas las gentes, p. 143).
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Notas de Elena G. de White para el estudio de las lecciones de Escuela Sabática
Esta semana:
Lección 2 – El Pentecostés
Para el 14 de julio del 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
EL LIBRO DE HECHOS
Narración: Maira Fermin

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