Notas de Elena | Domingo 6 de mayo 2018 | La promesa | Escuela Sabática

Domingo 6 de mayo: La promesa
El gran peligro del hombre consiste en engañarse a sí mismo, en creerse suficiente de por sí y en apartarse de Dios, la fuente de su fuerza. Nuestras tendencias naturales, si no las enmienda el Espíritu Santo de Dios, encierran la semilla de la muerte moral. A no ser que nos unamos vitalmente con Dios, no podremos resistir los impíos efectos de la concupiscencia, del amor egoísta y de la tentación a pecar.
Para recibir ayuda de Cristo, debemos comprender nuestra necesidad. Debemos tener verdadero conocimiento de nosotros mismos. Solo quien se reconoce pecador puede ser salvado por Cristo. Solo cuando vemos nuestro desamparo absoluto y no confiamos ya en nosotros mismos, podemos asirnos del poder divino…
Todas nuestras buenas obras dependen de un poder externo a nosotros; por tanto, se necesita una continua aspiración del corazón a Dios, una constante y fervorosa confesión del pecado y una humillación del alma ante Dios. Nos rodean peligros, y no nos hallamos seguros sino cuando sentimos nuestra flaqueza y nos aferramos con fe a nuestro poderoso Libertador (Ministerio de curación, p. 361).
Pablo se daba cuenta de su debilidad y bien podía desconfiar de sus propias fuerzas. Refiriéndose a la ley, exclamó: “El mismo mandamiento que era para Vida, a mí me resultó para muerte”. Romanos 7:10. Había confiado en las obras de la ley. .. Pero cuando se miró en el espejo de la ley que fue colocado delante de él, y se vio a sí mismo como Dios lo veía, lleno de faltas, manchado con el pecado, exclamó: ” ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Romanos 7:24.
Pablo contempló al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Escuchó la voz de Cristo diciendo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Juan 14:6. Entonces decidió valerse de los beneficios de la gracia salvadora, para morir a las transgresiones y el pecado, para ver que su culpa fuera lavada en la sangre de Cristo, para ser vestido con la justicia de Cristo, para ser una rama de la Vid viviente. Camino con Cristo, y Jesús llegó a ser para él no solo una parte de la salvación, mientras que sus propias buenas obras constituían la otra, sino el todo en todo, lo primero y lo mejor en todas las cosas. Él poseía la fe que extrae vida de Cristo que lo capacitó para conformar su vida con la del ejemplo divino. Esta fe no reclama nada para su poseedor apoyándose en su justicia, sino que lo reclama todo en virtud de la justicia de Cristo (Exaltad a Jesús, p. 34)

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.