Notas de Elena | Domingo 5 de marzo 2017 | La oración que place a Dios | Escuela Sabática


Domingo 5 de marzo: La oración que place a Dios
Por medio de la gracia abundantemente proporcionada por Dios, todos tratarán de contestar la oración de Cristo, es decir, que sus discípulos sean unidos, como él y su Padre están unidos. La paz, el amor, la misericordia y la benevolencia serán los permanentes principios del alma. El amor de Cristo será el tema de toda lengua…
El pueblo de Dios permanecerá en Cristo, el amor de Jesús se manifestará, y un solo Espíritu animará a todos los corazones, regenerándolos y renovándolos a la imagen de Cristo, amoldándolos a todos por igual. Como ramas vivientes de la vid verdadera, todos estaremos unidos a Cristo, la Cabeza viviente. Jesús morará en cada corazón, para guiar, consolar, santificar, y para presentar al mundo la unidad de sus seguidores, para dar testimonio de ese modo que la iglesia remanente posee las credenciales del cielo. Mediante la unidad de la iglesia de Cristo se probará que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito (Cada día con Dios, p. 86).
Me lamento día y noche por la aspereza, la dureza, la falta de bondad en las palabras y el espíritu, que manifiestan los que pretenden ser hijos del Rey celestial, miembros de la familia real. Esa dureza de corazón, esa carencia de simpatía, esa aspereza, manifestada hacia aquellos que no gozan de sus favores especiales, es registrada en los libros del cielo como un gran pecado. Muchos hablan de la verdad, predican la teoría de la verdad, pero el amor enternecedor de Jesús no ha llegado a ser un elemento vivo y activo en su carácter. Es ésta una era de apostasía casi universal y los que pretenden estar en la vanguardia de la verdad descarrían a las iglesias cuando no dan evidencia de que su carácter y sus obras armonizan con la verdad divina. La bondad, la misericordia, la compasión, la ternura, la longanimidad de Dios han de ser expresadas en las palabras, la conducta y el carácter de todos los que pretenden ser hijos de Dios, especialmente en aquellos que pretenden ser los mensajeros enviados por el Señor Jesús con la palabra de vida para salvar a los que perecen.
Se les ordena en la Biblia poner a un lado todo lo que es áspero, viviente. Deben llevar la misma calidad de fruto que la vid. Únicamente así puede el sarmiento ser un digno representante de la excelencia de la vid (Testimonios para los ministros, p. 151). Jesús quiere que los niños y los jóvenes acudan a él con la misma confianza con que van a sus padres. Así como un niño pide pan a su madre o a su padre cuando tiene hambre, así quiere el Señor que le pidáis las cosas que necesitáis… Jesús conoce las necesidades de sus hijos, y se deleita en escuchar sus oraciones. Los niños deben aislarse del mundo y de cuanto apartaría de Dios sus pensamientos. Considérense como estando a solas con Dios, cuyo ojo mira lo más íntimo del corazón y discierne el deseo del alma, y recuerden que pueden conversar con Dios (El hogar cristiano, p. 270).

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