Notas de Elena | Domingo 5 de febrero 2017 | La santidad de Dios | Escuela Sabática


Domingo 5 de febrero: La santidad de Dios
La gloria culminante de los atributos de Cristo es su santidad. Los ángeles se postran delante de él en adoración, exclamando: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso”. Apocalipsis 4:8. Él es declarado glorioso en su santidad. Éstudiad el carácter de Dios. Contemplando a Cristo, buscándole con fe y oración, podéis llegar a ser como él (Consejos para ¡os maestros, p. 388).
El apóstol nos exhorta: “Conforme es santo aquel que os ha llamado, sed también vosotros santos, en toda vuestra manera de vivir; porque está escrito: Habéis de ser santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15, 16). La gracia de Cristo ha de dominar el genio y la voz. Su obra se revelará en la cortesía y la tierna consideración mostradas por el hermano hacia el hermano, con palabras bondadosas y alentadoras. Existe una presencia angelical en el hogar. La vida despide un dulce perfume que asciende a Dios como sagrado incienso. El amor se manifiesta en la bondad, la gentileza, la tolerancia y la longanimidad.
El semblante cambia. Cristo que habita en el corazón, brilla en el rostro de aquellos que le aman y guardan sus mandamientos. La verdad queda escrita allí. Se revela la dulce paz del cielo. Se expresan allí una bondad habitual, un amor más que humano.
La levadura de la verdad efectúa un cambio en todo el hombre, convirtiendo al rústico en refinado, al áspero en amable, al egoísta en generoso. Por su medio el impuro queda limpio, lavado en la sangre del Cordero. Por medio de su poder vivificante, hace que la totalidad de la mente, el alma y las fuerzas quede en armonía con la vida divina. El hombre con su naturaleza humana llega a ser partícipe de la divinidad. Cristo es honrado con la excelencia y la perfección del carácter. Y mientras se efectúan estos cambios, los ángeles rompen en himnos arrobadores, y Dios y Cristo se regocijan sobre las almas transformadas a la semejanza divina (Palabras de vida del gran Maestro, p. 73).
Dios requiere perfección moral en todo. Los que han recibido luz y oportunidades deberían, como administradores de Dios, apuntar hacia la perfección, y nunca, nunca rebajar la norma de la justicia para acomodarla a las tendencias hacia el mal, ya sean heredadas o cultivadas. Cristo tomó nuestra naturaleza humana y vivió nuestra vida para demostramos que podemos ser semejantes a él al participar de la naturaleza divina. Podemos ser santos, como Cristo lo fue en su condición de ser humano. ¿Por qué, entonces existen tantos personajes desagradables en el mundo? Se debe a que se imaginan que su desagradable y tosca manera de ser y su lenguaje descortés son el resultado de un corazón impío…
La fragancia de nuestro amor hacia nuestros semejantes revela nuestro amor a Dios. La paciencia en el servicio imparte descanso al alma. Por medio de obreros humildes, diligentes y fíeles se promueve el bienestar de Israel. Dios sostiene y fortalece a quien está dispuesto a aprender lo métodos de Cristo para lograr la semejanza divina (Cada día con Dios, p. 30).

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