Notas de Elena | Domingo 3 de junio 2018 | La herida mortal sanada | Escuela Sabática

Domingo 3 de junio: La herida mortal sanada
Los 1.260 años del dominio temporal del papa comenzaron en el año 538 d. C. y debían terminar en 1798 (véase el Apéndice). En dicha fecha, entro en Roma un ejército francés que tomó preso al papa, el cual murió en el destierro. A pesar de haberse elegido un nuevo papa al poco tiempo, la jerarquía pontificia no volvió a alcanzar el esplendor y poderío que antes tuviera.
La persecución contra la iglesia no continuo durante todos los I .260 años. Dios, usando de misericordia con su pueblo, acorto el tiempo de tan horribles pruebas. Al predecir la “gran tribulación” que había de venir sobre la iglesia, el Salvador había dicho: “Si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne seria salva, más por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados”. Mateo 24:22. Debido a la influencia de los acontecimientos relacionados con la Reforma, las persecuciones cesaron antes del año 1798 (El conflicto de los siglos, p. 270).
Estamos en el umbral de grandes y solemnes acontecimientos. Las profecías se están cumpliendo. Una historia extraordinaria y memorable se está registrando en los libros del cielo. Todo en nuestro mundo está en agitación. Hay guerras y rumores de guerra. Las naciones están airadas y ha llegado el tiempo en que deben ser juzgados los muertos. Los acontecimientos están cambiando para no demorar la llegada del día de Dios, que se vendrá prestamente. Queda, por así decirlo, solamente un poco de tiempo. Pero aunque ya se levanta nación contra nación, y reino contra reino, no existe todavía una conflagración general. Los cuatro vientos serán retenidos hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes. Entonces las potencias de la tierra dispondrán sus fuerzas para la última gran batalla (Testimonios para la iglesia. t. 6, p. 23).
Debemos hacer todo lo que está de nuestra parte para pelear la buena batalla de la fe. Debemos luchar, trabajar, esforzarnos y agonizar para entrar por la puerta estrecha. Debemos poner al Señor siempre delante de nosotros. Con manos limpias, con corazones puros, debemos tratar de honrar a Dios en todos nuestros caminos. Se ha provisto ayuda para nosotros por medio de Aquel que es poderoso para salvar. El espíritu de verdad y luz nos vivificará y renovará mediante sus misteriosas operaciones; porque todo nuestro progreso espiritual proviene de Dios, no de nosotros mismos. El obrero verdadero tendrá el poder divino en su ayuda, pero el indolente no será sostenido por el Espíritu de Dios…
Se promete el perdón de los pecados al que se arrepiente y cree; la corona de vida será el galardón del que es fiel hasta el fin. Podemos crecer en la gracia desarrollándonos por medio de la gracia que ya tenemos. Debemos mantenernos sin mancha del mundo si hemos de ser hallados sin culpa en el día de Dios. La fe y las obras van de la mano, actúan armoniosamente en la empresa de alcanzar la victoria. Las obras sin fe son muertas, y la fe sin obras es muerta. Las obras jamás van a salvarnos; son los méritos de Cristo los que contarán en nuestro favor. Mediante la fe en él, Cristo hará que todos nuestros imperfectos esfuerzos sean aceptables para Dios… El que eleve a Dios manos santas sin ira ni duda, caminará inteligentemente en la senda de los mandamientos de Dios (Fe y obras, p. 48).
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Lección 10: Estados Unidos y Babilonia
Para el 9 de junio de 2018
Escuela Sabática – Segundo trimestre 2018
PREPARACIÓN para el tiempo del fin

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