Notas de Elena | Domingo 3 de diciembre 2017 | La carga de Pablo | Escuela Sabática

Domingo 3 de diciembre:
La carga de Pablo
Dios quería hacer de su pueblo Israel una alabanza y una gloria. Se dio a ellos toda ventaja espiritual. Dios no les negó nada favorable a la formación del carácter que había de hacerlos sus representantes.
Su obediencia a la ley de Dios había de hacerlos maravillas de prosperidad delante de las naciones del mundo… La gloria de Dios, su majestad y poder, habían de revelarse en toda su prosperidad. Habían de ser un reino de sacerdotes y príncipes. Dios les proveyó toda clase de facilidades para que llegaran a ser la más grande nación de la tierra…
Pero Israel no cumplió el propósito de Dios. El Señor declaró: “Yo te planté de buen vidueño, simiente verdadera toda ella: ¿cómo pues te me has tomado sarmiento de vid extraña?” “Es Israel una frondosa viña, haciendo frutos para sí” Jeremías 2:21; Oseas 10:1 (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 230, 233).
La obra de Cristo debía colocar ante los hombres el carácter de su reino, y mostrarles que los nombres y posesiones y títulos no significan nada, en tanto que a la vista del cielo la pureza de la virtud y la santidad del carácter son consideradas de máximo valor. En el sermón del monte, las primeras oraciones provenientes de sus labios tenían el propósito de echar por tierra aquellas ambiciones. “Bienaventurados los pobres en espíritu —dijo—, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por here-dad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia…
Cristo presentó las abarcantes demandas de la ley de Dios. Trató de corregir las altas pretensiones de ellos exaltando los verdaderos sentimientos y proclamando una bendición sobre ciertos rasgos de carácter diametralmente opuestos a los atributos que ellos acariciaban. Delante de ellos presentó un reino en el cual no tienen cabida las ambiciones humanas ni las pasiones terrenales (Exaltad a Jesús, p. 129).
Lo que más se necesita… es amor por las almas que perecen, ese amor que procede en ricas corrientes del trono de Dios. El verdadero cristianismo difunde el amor por todo el ser. Alcanza a cada parte vital del cuerpo: el cerebro, el corazón, las manos ayudadoras, los pies, y capacita a los hombres a mantenerse firmes donde Dios requiere que se mantengan, de modo que no tracen senderos torcidos para sus pies, para que el cojo no se extravíe. El amor ardiente y abnegado de Cristo por las almas que perecen constituye la vida misma de todo el sistema de la cristiandad…
Únicamente la persona cuyo corazón esté lleno de compasión por el hombre caído, que ama con un propósito, y que demuestra su amor mediante la realización de acciones semejantes a las de Cristo, será capaz de soportar la visión del Invisible. Puede conocer a Dios úni-camente la persona que ama a sus semejantes con un propósito. Quien no ame a aquellos por quienes el Padre ha hecho tanto, no conoce a Dios. Esta es la razón por la que hay tan poca vitalidad genuina en nuestras iglesias (Exaltad a Jesús, p. 128).

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