Notas de Elena | Domingo 29 de mayo 2016 | Una venida profetizada | Escuela Sabática
Domingo 29 de mayo: Una venida profetizada
Quinientos años antes del nacimiento de Cristo, el profeta Zacarías predijo así la venida del Rey de Israel. Esta profecía se iba a cumplir ahora. El que siempre había rechazado los honores reales iba a entrar en Jerusalén como el prometido heredero del trono de David.
Fue en el primer día de la semana cuando Cristo hizo su entrada triunfal en Jerusalén. Las multitudes que se habían congregado para verle en Betania le acompañaban ansiosas de presenciar su recepción. Mucha gente que iba en camino a la ciudad para observar la Pascua se unió a la multitud que acompañaba a Jesús…
Nunca antes en su vida terrenal había permitido Jesús una demostración semejante. Previo claramente el resultado. Le llevaría a la cruz. Pero era su propósito presentarse públicamente de esta manera como el Redentor. Deseaba llamar la atención al sacrificio que había de coronar su misión en favor de un mundo caído (El Deseado de todas las gentes, pp. 523-525).
Me fue mostrado el chasco que sufrieron los discípulos cuando fueron al sepulcro y no encontraron el cuerpo de Jesús. María dijo: “Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto”. Los ángeles dijeron a los discípulos entristecidos que su Señor había resucitado, e iba delante de ellos a Galilea.
En forma parecida, vi que Jesús consideraba con la más profunda compasión a los que se habían chasqueado después de haber aguardado su venida; y envió a sus ángeles para que dirigiesen sus pensamientos de modo que pudiesen seguirle adonde estaba. Les mostró que esta tierra no es el santuario, sino que él debía entrar en el lugar santísimo del santuario celestial para hacer expiación por su pueblo y para recibir el reino de parte de su Padre, y que después volvería a la tierra y los llevaría a morar con él para siempre. El chasco de los primeros discípulos representa bien el de aquellos que esperaban a su Señor en 1844.
Fui transportada al tiempo cuando Cristo entró triunfalmente en Jerusalén. Los gozosos discípulos creían que él iba a tomar entonces el reino y reinar como príncipe temporal. Siguieron a su Rey con grandes esperanzas, cortando hermosas palmas, sacando sus ropas exteriores y extendiéndolas con celo entusiasta por el camino. Algunos le precedían y otros le seguían, clamando: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!” La excitación perturbó a los fariseos, y desearon que Jesús reprendiese a sus discípulos. Pero él les dijo: “Si éstos callaran, las piedras clamarían”. La profecía de Zacarías 9:9 debía cumplirse; sin embargo los discípulos estaban condenados a sufrir un amargo chasco. A los pocos días siguieron a Jesús al Calvario, y le vieron sangrante y lacerado en la cruz cruel. Presenciaron su agonía y su muerte y lo depositaron en la tumba. El pesar ahogaba sus corazones; ni un solo detalle de lo que esperaban se había cumplido, y sus esperanzas murieron con Jesús. Pero cuando resucitó de los muertos y apareció a sus discípulos entristecidos, las esperanzas de ellos revivieron. Le habían encontrado de nuevo.
Vi que el chasco de aquellos que creían en la venida del Señor en 1844 no igualaba al que sufrieron los primeros discípulos. La profecía se cumplió en los mensajes del primer ángel y del segundo. Estos fueron dados a su debido tiempo y cumplieron la obra que Dios quería hacer por medio de ellos (Primeros escritos, pp. 243, 244).

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