Notas de Elena | Domingo 26 de noviembre 2017 | En Jesucristo | Escuela Sabática

Domingo 26 de noviembre: En Jesucristo
Si confesáis vuestros pecados, creed que son perdonados porque la promesa es positiva. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad”. 1 Juan 1:9. ¿Por qué, pues, deshonraremos a Dios dudando de su amor perdonador? Habiendo confesado vuestros pecados, creed que la Palabra de Dios no fallará, sino que el que ha prometido es fiel. Es tan grande el deber de creer que Dios cumplirá su palabra perdonando vuestros pecados, como el que tenéis de confesarlos. Debéis ejercer vuestra fe en Dios como alguien que hará exactamente lo que dijo que haría —perdonar todas vuestras transgresiones…
Oh, cuántos hay que andan dolientes, pecando y arrepintiéndose, siempre bajo una nube de condenación. No creen en la palabra del Señor. No creen que obrará como lo ha dicho… Usted hiere el corazón de Cristo al dudar, cuando él nos ha dado tantas evidencias de su amor al dar su vida para salvamos para que no pereciéramos, sino que tu-viéramos vida eterna (In Heavenly Places, p. 126; parcialmente en En los lugares celestiales, p. 128).
Entre [los] oyentes [de Cristo], muchos eran atraídos a él con fe, y a éstos les dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará”.
Estas palabras ofendieron a los fariseos… [ellos] exclamaron colé-ricamente: “Simiente de Abraham somos, y jamás servimos a nadie: ¿cómo dices tú: Seréis libres?” Jesús miró a esos hombres esclavos de la malicia, cuyos pensamientos se concentraban en la venganza, y contestó con tristeza: “De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado”. Ellos estaban en la peor clase de servidumbre: regidos por el espíritu del maligno…
En la obra de la redención no hay compulsión. No se emplea nin-guna fuerza exterior. Bajo la influencia del Espíritu de Dios, el hombre está libre para elegir a quien ha de servir. En el cambio que se produce cuando el alma se entrega a Cristo, hay la más completa sensación de libertad. La expulsión del pecado es obra del alma misma. Por cierto, no tenemos poder para libramos a nosotros mismos del dominio de Satanás; pero cuando deseamos ser libertados del pecado, y en nuestra gran necesidad clamamos por un poder exterior y superior a nosotros, las facultades del alma quedan dotadas de la fuerza divina del Espíritu Santo y obedecen los dictados de la voluntad, en cumplimiento de la voluntad de Dios.
La única condición bajo la cual es posible la libertad del hombre, es que éste llegue a ser uno con Cristo. “La verdad os libertará;” y Cristo es la verdad. El pecado puede triunfar solamente debilitando la mente y destruyendo la libertad del alma. La sujeción a Dios significa la rehabilitación de uno mismo, de la verdadera gloria y dignidad del hombre. La ley divina, a la cual somos inducidos a sujetamos, es “la ley de libertad” (Santiago 2:12) (El Deseado de todas las gentes, pp. 431, 432).

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