Notas de Elena | Domingo 26 de junio | La imagen de Dios | Escuela Sabática


Domingo 26 de junio: La imagen de Dios
El Señor dio al hombre el intelecto de modo que pudiera comprender aun cosas mayores que los bellos objetos de la naturaleza. Conduce al agente humano a una esfera más elevada de la verdad, ennobleciendo la mente más y aún más, y revelándole la inteligencia divina. Y en el libro de la Providencia de Dios, en el tomo de la vida, se le otorga a cada uno una página. Esa página contiene cada detalle de su historia.
Aun los cabellos de su cabeza están todos contados. Los hijos de Dios nunca están ausentes de su pensamiento.
Y aunque el pecado existió durante siglos, procurando contrarrestar la misericordiosa corriente de amor que fluye de Dios hacia la raza humana, el amor y el cuidado que Dios ofrece a los seres que creó a su propia imagen no han cesado de crecer en riqueza y abundancia.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Coronó su benevolencia con el inestimable don de Jesús. Por medio de este sacrificio, un torrente sanador de vida y gracia celestial fue vertido sobre nuestro mundo. Esta fue la dádiva de Dios para el hombre; una dádiva que desafía todo cálculo (Alza tus ojos, p. 199).
Cuando el hombre salió de las manos de su Creador, era de elevada estatura y perfecta simetría. Su semblante llevaba el tinte rosado de la salud y brillaba con la luz y el regocijo de la vida. La estatura de Adán era mucho mayor que la de los hombres que habitan la tierra en la actualidad. Eva era algo más baja de estatura que Adán; no obstante, su forma era noble y plena de belleza.
No existe fundamento alguno para la suposición de que el hombre llegó a existir mediante un lento proceso evolutivo de las formas bajas de la vida animal o vegetal… El que colocó los mundos estrellados en la altura y coloreó con delicada maestría las flores del campo, el que llenó la tierra y los cielos con las maravillas de su potencia, cuando quiso coronar su gloriosa obra… supo crear un ser digno de las manos que le dieron vida. La genealogía de nuestro linaje, como ha sido revelada, no hace remontar su origen a una serie de gérmenes, moluscos o cuadrúpedos sino al gran Creador. Aunque Adán fue formado del polvo, era el hijo de Dios (La fe por la cual vivo, p. 31).
Después de los seres angélicos, la familia humana, formada a imagen de Dios, es la más noble de las obras creadas por Dios, quien desea que los seres humanos lleguen a ser todo lo que él ha hecho posible que sean, y quiere que hagan el mejor uso de las facultades que él les ha concedido (El ministerio de curación, p. 309).
Adán tenía temas como motivos de contemplación en las obras de Dios en el Edén, que era el cielo en miniatura. Dios no creó al hombre meramente para que contemplara las gloriosas obras de Dios. Por eso le dio manos para trabajar así como mente y corazón para meditar. Si la felicidad del hombre hubiese consistido en no hacer nada, el Creador no le hubiera asignado un trabajo a Adán. El hombre había de encontrar felicidad tanto en el trabajo como en la meditación (Comentario bíblico adventista, t. 1, p. 1096).

Comments

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*