Notas de Elena | Domingo 23 de septiembre 2018 | De camino a Roma | Escuela Sabática

Domingo 23 de septiembre: De camino a Roma
Cuando se encontraba en circunstancias deprimentes, que hubieran desanimado a los cristianos a medias, [Pablo] se mantenía firme, y lleno de valor, esperanza y ánimo… Se advierte en él la misma esperanza y ánimo cuando se encuentra sobre la cubierta del barco, azotado por la tormenta, viendo como la nave se iba destrozando. Entonces imparte órdenes al capitán del barco, y salva la vida de los que van a bordo. Aun cuando es un prisionero es realmente el amo de la nave y el pasajero más libre y feliz. Cuando todos naufragan y van a dar a una isla de bárbaros, él es el que se domina mejor, el que más contribuye a salvar a sus compañeros para impedir que mueran ahogados. Sus manos recogieron la leña que dio fuego para calentar a los pasajeros ateridos. Cuando éstos vieron la víbora venenosa que se le había enrollado en el brazo, quedaron aterrorizados; pero Pablo con toda calma la sacudió sobre el fuego, sabiendo que no lo dañaría; porque confiaba implícitamente en Dios.
Cuando se vio en presencia de los reyes y dignatarios de la tierra, en cuyas manos estaba su vida, no se acobardó, porque la había encomendado a Dios. La gracia del Señor, como un ángel misericordioso dulcifica y aclara su voz que repite la historia de la cruz y del incomparable amor de Cristo (Mi Vida hoy, p. 344).
Los ángeles son enviados a los hijos de Dios con misiones de misericordia. Visitaron a Abraham con promesas de bendición; al justo Lot, para rescatarle de las llamas de Sodoma; a Elías, cuando estaba por morir de cansancio y hambre en el desierto; a Eliseo, con carros y caballos de fuego que circundaban la pequeña ciudad donde estaba encerrado por sus enemigos; a Daniel, cuando imploraba la sabiduría divina en la corte de un rey pagano, o en momentos en que iba a ser presa de los leones; a San Pedro, condenado a muerte en la cárcel de Herodes; a los presos de Filopos; a San Pablo y a sus compañeros, en la noche tempestuosa en el mar… los santos ángeles ejercieron su ministerio en beneficio del pueblo de Dios.
Cada discípulo de Cristo tiene su ángel guardián respectivo. Estos centinelas celestiales protegen a los justos del poder del maligno… El medio de que Dios se vale para proteger a su pueblo está indicado en las palabras del salmista: “El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende” [Salmos 34:7] (El conflicto de los siglos, pp. 502, 503)
Cristo está tratando de elevar a todos aquellos que quieran ser elevados a un compañerismo consigo, para que podamos ser uno con él, como él es uno con el Padre. Nos permite llegar a relacionarnos con el sufrimiento y la calamidad a fin de sacarnos de nuestro egoísmo; trata de desarrollar en nosotros los atributos de su carácter: la compasión, la ternura y el amor. Aceptando esta obra de ministración, nos colocamos en su escuela, a fin de ser hechos idóneos para las cortes de Dios. Rechazándola, rechazamos su instrucción y elegimos la eterna separación de su presencia (Palabras de Vida del gran Maestro, p. 320).
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Escuela Sabática – lección 13 – Notas de Elena
Esta semana estudiaremos la lección 13 – El viaje a Roma
Para el 29 de septiembre del 2018
Lecciones de Escuela Sabática – Tercer trimestre 2018
EL LIBRO DE HECHOS
Narración: Maira Fermin

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