Notas de Elena | Domingo 19 de junio 2016 | Jesús o Barrabás | Escuela Sabática


Domingo 19 de junio: Jesús o Barrabás
Algunos de los que escuchaban a los apóstoles habían tomado parte activa en la condenación y muerte de Cristo. Sus voces se habían mezclado con las del populacho en demanda de su crucifixión. Cuando Jesús y Barrabás fueron colocados delante de ellos en la sala del juicio, y Pilato preguntó: “¿Cuál queréis que os suelte?” ellos habían gritado: “No a éste, sino a Barrabás” (Mateo 27:17; Juan 18:40). Cuando Pilato les entregó a Cristo, diciendo: “Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él crimen”; “inocente soy de la sangre de este justo”, ellos habían gritado: “Su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos” (Juan 19:6; Mateo 27:24, 25).
Ahora oían a los discípulos declarar que era el Hijo de Dios el que había sido crucificado. Los sacerdotes y gobernantes temblaban. La convicción y la angustia se apoderaron del pueblo. “Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” Entre los que escucharon a los discípulos, había judíos devotos, que eran sinceros en su creencia. El poder que acompañaba a las palabras del orador los convenció de que Jesús era en verdad el Mesías…
Pedro insistió ante el convicto pueblo en el hecho de que habían rechazado a Cristo porque habían sido engañados por los sacerdotes y gobernantes; y en que si continuaban dependiendo del consejo de esos hombres y esperando que reconocieran a Cristo antes de reconocerlo ellos mismos, jamás le aceptarían. Esos hombres poderosos, aunque hacían profesión de piedad, ambicionaban las glorias y riquezas terrenales. No estaban dispuestos a acudir a Cristo para recibir luz (Los hechos de los apóstoles, pp. 35, 36).
Satanás tiene el propósito definido de cortar toda clase de comunicación entre Dios y su pueblo, de modo que él pueda llevar a cabo sus tretas engañosas sin que haya una voz que nos advierta de su peligro. Si logra que los hombres desconfíen del mensajero, o que no vean nada de sagrado en el mensaje, sabe que ellos no sentirán ninguna obligación de obedecer las palabras que Dios les envía. Y cuando la luz se desecha como si se tratara de oscuridad, Satanás logra sus propósitos (Exaltad a Jesús, p. 355).
Nuestro tiempo, nuestra fuerza y nuestras energías pertenecen a Dios; y si son consagradas a su servicio, nuestra luz brillará. Afectará primero y con más fuerza a quienes viven en nuestros hogares, quienes están más íntimamente relacionados con nosotros; pero se extenderá más allá del hogar, aun hasta “el mundo”. Para muchos será un sabor de vida para vida; pero hay algunos que rehusarán ver la luz, o caminar en ella. Estos son del tipo del que habló nuestro Salvador, cuando dijo: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Juan 3:19). Los tales están en una posición muy peligrosa; pero su curso de acción no excusa a ninguno de nosotros de dejar que nuestra luz brille (Reflejemos a Jesús, p. 159).

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