Notas de Elena | Domingo 18 de septiembre 2016 | Mientras esperamos a Jesús | Escuela Sabática


Domingo 18 de septiembre:
Mientras esperamos a Jesús

Jesús dijo a sus discípulos que velaran, pero no respecto a un tiempo definido. Sus seguidores han de estar en la posición de aquellos que escuchan las ordenes de su Capitán; han de vigilar, esperar, orar y trabajar, mientras se acerca el tiempo para la venida del Señor; pero nadie podrá predecir justamente cuándo vendrá ese tiempo; pues “el día y hora nadie sabe”. No podéis decir que él vendrá de aquí a un año, o dos, o cinco años, ni tampoco debéis postergar su venida declarando que no ocurrirá antes de diez o de veinte años… No hemos de saber el tiempo definido, ni del derramamiento del Espíritu Santo ni de la venida de Cristo (El evangelismo, p. 165).
Necesitamos confiar en Dios con serenidad. Es imperiosa la necesidad de esto. El ruido y el bullicio que hacemos en el mundo no es lo que demuestra nuestra utilidad. ¡Ved cuán silenciosamente obra Dios! No oímos el ruido de sus pasos, y sin embargo está caminando alrededor de nosotros, obrando para nuestro bien. Jesús no buscó notoriedad; su poder vivificante fluía hacia los necesitados y los afligidos por medio de acciones silenciosas cuya influencia se extendía ampliamente por todos los países, y se sentía y expresaba en la vida de millones de seres humanos. Los que desean trabajar con Dios necesitan cada día de su Espíritu; necesitan caminar y trabajar con mansedumbre y humildad de espíritu sin procurar hacer cosas extraordinarias, sino satisfechos con hacer la obra que está ante ellos, y hacerla fielmente. Quizá los hombres no vean o aprecien sus esfuerzos, pero los nombres de estos fieles hijos de Dios están escritos en el cielo entre los más nobles obreros del Señor, como los que esparcen la semilla divina teniendo en cuenta una gloriosa cosecha. “Por sus frutos los conoceréis” (Comentario bíblico adventista, tomo 4, p. 1166).
Por cuanto no sabemos la hora exacta de su venida, se nos ordena que velemos. “Bienaventurados aquellos siervos, a los cuales cuando el Señor viniere, hallare velando”. Los que velan esperando la venida de su Señor no aguardan en ociosa expectativa. La espera de la venida de Cristo debe inducir a los hombres a temer al Señor y sus juicios sobre los transgresores.
Les ha de hacer sentir cuán grande pecado es rechazar sus ofrecimientos de misericordia. Los que aguardan al Señor purifican sus almas obedeciendo la verdad. Con la vigilancia combinan el trabajo ferviente. Por cuanto saben que el Señor está a las puertas, su celo se vivifica para cooperar con los seres divinos y trabajar para la salvación de las almas. Estos son los siervos fieles y prudentes que dan a la familia del Señor “a su tiempo… su ración”. Declaran la verdad que tiene aplicación especial a su tiempo. Como Enoc, Noé, Abrahán y Moisés declararon cada uno la verdad para su tiempo, así también los siervos de Cristo dan ahora la amonestación especial para su generación (El Deseado de todas las gentes, p. 588).

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