Notas de Elena | Domingo 14 de agosto 2016 | Escuchar los quejidos | Escuela Sabática


Domingo 14 de agosto: Escuchar los quejidos
Los hijos de Dios no han de estar sujetos a sus sentimientos y emociones. Cuando fluctúan entre la esperanza y el temor, el corazón de Cristo es herido; porque él les ha dado evidencias inconfundibles de su amor. Desea que sean establecidos, fortalecidos y cimentados en la santísima fe. Quiere que hagan la obra que les ha confiado; entonces sus corazones serán en las manos divinas como arpas sagradas, cada una de cuyas cuerdas exhalará alabanza y acción de gracias a Aquel que Dios ha enviado para quitar el pecado del mundo.
El amor de Cristo por sus hijos es tan tierno como su fortaleza. Y es más fuerte que la muerte; porque él murió para comprar nuestra salvación, y para hacemos uno con él, mística y eternamente uno. Tan fuerte es su amor que controla todos sus poderes, y emplea los vastos recursos del cielo para servir a su pueblo. Es inalterable, sin sombra de variación: el mismo ayer, y hoy y por los siglos. Aun cuando el pecado haya existido durante siglos, tratando de contraponerse a este amor y de obstruir su fluencia hacia la tierra, todavía sigue fluyendo en ricas corrientes hacia aquellos por los cuales Cristo murió.
Dios ama a los ángeles que no pecaron, que realizan su servicio y son obedientes a sus mandatos; pero él no les da gracia: nunca la han necesitado; porque nunca han pecado. La gracia es un atributo manifestado a los seres humanos inmerecedores. Nosotros no la buscamos; se la envió para que nos buscara. Dios se regocija en otorgar su gracia a todos los que tienen hambre y sed de él, no porque seamos merecedores, sino porque carecemos de méritos. Nuestra necesidad es la calificación que nos da la certidumbre de que recibiremos el don (Testimonios para los ministros, p. 528).
Cualesquiera que sean tus angustias y pruebas, exponías al Señor. Tu espíritu encontrará sostén para sufrirlo todo. Se te despejará el camino para que puedas librarte de todo enredo y aprieto. Cuanto más débil y desamparado te sientas, más fuerte serás con su ayuda. Cuanto más pesadas sean tus cargas, más dulce y benéfico será tu descanso al echarlas sobre Aquel que se ofrece a llevarlas por ti.
Las circunstancias pueden separar a los amigos; las aguas intranquilas del dilatado mar pueden agitarse entre nosotros y ellos. Pero ninguna circunstancia ni distancia alguna puede separamos del Salvador. Doquiera estemos, él está siempre a nuestra diestra, para sostenemos y alentamos. Más grande que el amor de una madre por su hijo es el amor de Cristo por sus rescatados. Es nuestro privilegio descansar en su amor y decir: “En él confiaré; pues dio su vida por mí”
El amor humano puede cambiar; el de Cristo no conoce mudanza. Cuando clamamos a él por ayuda su mano se extiende para salvamos (El ministerio de curación, p. 48).
Notas de Elena para la Escuela Sabática | Lección 8 para el 20 de agosto de 2016 | Jesús mostraba simpatía | El papel de la iglesia en la comunidad | Tercer trimestre 2016

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