Notas de Elena | 8 de Julio del 2017 | La unidad del evangelio | Escuela Sabática

LA UNIDAD DEL EVANGELIO
La oración nos une mutuamente y con Dios. La oración trae a Jesús a nuestro lado, y da al alma desfalleciente y perpleja nueva energía para vencer al mundo, a la carne y al demonio. La oración aparta los ataques de Satanás.
Cuando uno se aparta de las imperfecciones humanas para contemplar a Jesús, se realiza en el carácter una transformación divina. El Espíritu de Cristo, al trabajar en el corazón, lo conforma a su imagen. Entonces sea vuestro esfuerzo ensalzar a Jesús. Diríjanse los ojos de la mente al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29) (Palabras de vida del gran Maestro, pp. 195, 196).
Dios quiere que su pueblo sea disciplinado y que obre con armonía, a fin de que lo vea todo unánimemente y tenga un mismo sentir y criterio. Para producir este estado de cosas, hay mucho que hacer. El corazón carnal debe ser subyugado y transformado. Dios quiere que haya siempre un testimonio vivo en la iglesia. Sera necesario reprender y exhortar, y a algunos habrá que hacerles severos reproches, según lo exija el caso. Oímos el argumento: “¡Oh, yo soy tan sensible que no puedo soportar el menor reproche!” Si estas personas presentaran su caso correctamente, dirían: “Soy tan voluntarioso, tan pagado de mí mismo, tan orgulloso que no tolero que se me den ordenes; no quiero que se me reprenda. Abogo por los derechos del juicio individual; tengo derecho a creer y hablar según me plazca”. El Señor no desea que renunciemos a nuestra individualidad.
Pero, ¿qué hombre es juez adecuado para saber hasta dónde debe llevarse este asunto de la independencia individual?…
También el apóstol Pablo exhorta a sus hermanos filipenses a tener unidad y humildad: “Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a el mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Testimonios para la iglesia, t. 3, pp. 397, 398).
Trabaje con todas sus fuerzas para responder a la oración de Cristo, que sus discípulos sean uno, como él es uno con el Padre. Ni uno de nosotros está seguro a menos que aprendamos diariamente de Cristo su humildad y mansedumbre…
Busque tener una sola mente y un solo juicio con sus hermanos y decir lo mismo. Hablar acerca de divisiones porque no todos tienen las mismas ideas que se le presentan a usted en su mente, no es la obra de Dios sino del enemigo. Hable la sencilla verdad en la que pueden estar de acuerdo. Hable de unidad; no sea estrecho ni engreído; permita que su mente se amplíe (Mente, carácter y personalidad, pp. 40, 41).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

III TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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