Notas de Elena | 6 de Julio del 2017 | El origen del evangelio de Pablo | Escuela Sabática

EL ORIGEN DEL EVANGELIO DE PABLO
Después de saludar a los Gálatas con las palabras: “Gracia sea a vosotros, y paz de Dios el Padre, y de nuestro Señor Jesucristo,” les dirigió estas palabras de agudo reproche: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis traspasado del que os llamo a la gracia de Cristo, a otro evangelio: no que hay otro, sino que hay algunos que os inquietan, y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Más aún si nosotros o un ángel del cielo os anunciare otro evangelio del que os hemos anunciado, sea anatema”. Las enseñanzas de Pablo habían estado en armonía con las Escrituras, y el Espíritu había dado testimonio acerca de sus labores; por lo tanto exhorto a sus hermanos a que no escucharan a quien contradijera la verdad que él les había ensenado (Los hechos de los apóstoles, p. 307).
En casi cada iglesia había algunos miembros que eran judíos de nacimiento. Los maestros judíos llegaron con facilidad a esos conversos, y mediante ellos se afianzaron en las iglesias. Usando argumentos escrituristicos era imposible refutar las doctrinas ensenadas por Pablo; por eso usaron los medios más inescrupulosos para contrarrestar su influencia y debilitar su autoridad. Declaraban que no había sido discípulo de Jesús, ni había sido comisionado por él; pero que, sin embargo, se había atrevido a ensenar doctrinas directamente opuestas a las anunciadas por Pedro, Santiago y los otros apóstoles.
De esa manera los emisarios del judaísmo tuvieron éxito en alejar de su maestro en el evangelio a muchos de los conversos cristianos. Luego de triunfar en este punto los inducían a que volvieran a la observancia de la ley ceremonial como esencial para la salvación.
La fe en Cristo y la observancia de los Diez Mandamientos eran consideradas como de menor importancia (Comentarios de Elena G. de White en Comentario bíblico adventista del séptimo día, t. 6,
p. 1108).
Mientras Pablo escudriñaba las Escrituras, descubrió que a través de los siglos, “no… muchos sabios según la carne, no muchos poderosos, no muchos nobles; antes lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo flaco del mundo escogió Dios, para avergonzar lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es: para que ninguna carne se jacte en su presencia” (1 Corintios 1:26-29). Y así, viendo la sabiduría del mundo a la luz de la cruz, Pablo se propuso “no conocer nada… sino a Jesucristo, y a este crucificado” (1 Corintios 2:2).
En el curso de su ministerio ulterior, Pablo nunca perdió de vista la fuente de su sabiduría y fuerza. Oídlo años más tarde declarar todavía: “Para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21). Y otra vez: “Y ciertamente, aun reputo todas las cosas perdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, … para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos” (Filipenses 3:8-10) (Los hechos de los apóstoles, p. 104).

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NOTAS DE ELENA
LECCIÓN DE ESCUELA SABÁTICA

III TRIMESTRE DEL 2017
Narrado por: Patty Cuyan
Desde: California, USA
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