Miércoles 6 de junio 2018 | Devoción Matutina para Adolescentes | Como arcilla en su mano

«Señor, tú eres nuestro padre; nosotros somos el barro, tú nuestro alfarero» (Isaías 64: 8).

¿Acaso habrá alguna forma mejor de pasar los meses de vacaciones que trabajando en un campamento de verano? Tan pronto como tuve la edad requerida, me fijé el blanco de trabajar en un campamento. Lo único que debía hacer era averiguar qué labores podría realizar. ¿Salvavidas? No. no nadaba lo suficientemente bien como para salvar la vida de nadie. ¿Personal de cocina? No, no podía soportar la idea de lavar montones de bandejas llenas de sobras de comida ¿Consejera? No, ya había agotado todas mis fuerzas de adolescente para mantenerme sana y salva. No me correspondía encargarme de docenas de personas más jóvenes que yo.
Según se redujo mi lista de opciones laborales, una de ellas saltó ante mi vista: «Instructora de cerámica». ¿Cuán difícil podía ser eso? Había confeccionado objetos de cerámica en mis tiempos de acampante; y me había ido bien (claro, según mi propia opinión). La cerámica iba a ser mi destino. Estaba segura de ello.
Al parecer, todos los demás habían solicitado los trabajos más llevaderos, aunque más riesgosos, de socorristas y consejeros; porque aterricé en el salón de cerámica sin enfrentar a ningún oponente. Los responsables deben de haberse sentido impresionados con mi experimentado currículum como ceramista infantil, porque no me dieron entrenamiento en mis funciones, y me dejaron sola en el salón para que comenzara a ejercerlas.
Mi compañera y yo nos arrastramos a lo largo de aquel verano de manualidades, y tan solo en una ocasión frustramos los sueños de los niños al decirles que sus vasos para cepillos de dientes, sus tazas y pisapapeles decorativos en forma de mariquita, se habían derretido durante la noche. (El accidente fue resultado de algún mal funcionamiento del homo, algo que no entiendo lo suficientemente bien como para explicarlo, y que probablemente fue el motivo para que eso sucediera durante mi tumo de trabajo).
La Biblia dice que Dios es un alfarero y que nosotros somos la arcilla. No nos toca convertirnos en algo especial. Nosotros, como bolas de arcilla, solo tenemos que permitir que él nos forme como una obra de arte. «Entonces el Señor me dijo: “¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes, israelitas, lo mismo que este alfarero hace con el barro? Ustedes son en mis manos como el barro en las manos del alfarero”» Jeremías 18: 5-6). Dios como alfarero es mucho más diestro que yo como maestra de cerámica, por lo que se puede confiar plenamente en él.

Ponlo en práctica: Pon por escrito algunos de tus sueños o deseos. Ora por ellos, para que Dios haga de ti una obra maestra, aunque al final resulte en algo diferente de lo que esperabas.

Ponlo en oración: Pide a Dios que te transforme ¡de una bola de arcilla en una obra de arte!

Devoción matutina para adolescentes 2018
¿Y entonces…?
Heather Quintana
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2018

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