Miércoles 6 de junio 2018 | Devoción Matutina Jóvenes

¿A dónde voy?

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018 365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

«Confía de todo corazón en el Señor y no en tu propia inteligencia. Ten presente al Señor en todo lo que hagas, y él te llevará por el camino recto». Proverbios 3: 5-6

En marzo de 2014 me encontraba en una encrucijada académica. Anteriormente, había solicitado ser admitido para el máster en Administración de Empresas de la Universidad de las Indias Occidentales de Mona, Jamaica; pero no me enviaron los documentos requeridos, por lo que retrasé la decisión.
La primera vez que me di cuenta de que Dios estaba tratando de llamar mi atención fue cuando el plazo de presentación de documentos se amplió, y yo lo dejé pasar. Un mes más tarde, recibí una llamada en la que me instaban a presentar los documentos. Oré y los presenté. No sabía cómo iba a pagar la matrícula, pero decidí confiar en Dios. Dos semanas más tarde descubrí que había sido aceptado en el programa. Sin embargo, el comienzo de las clases estaba planeado justo la semana que tenía un viaje planificado y para empeorar las cosas, todavía no podía pagar las cuotas.
Decidí no aceptar la oferta y viajar como tenía previsto. Durante el viaje, recibí varios correos preguntando por mi decisión. Respondí que no me iba a ser posible aceptar la oferta, solo para descubrir unas semanas después que el mensaje no se había enviado. Cuando regresé, mi mente aún no estaba en paz, así que oré: «Padre, si es tu voluntad que yo curse este máster, por favor, elimina todo lo que lo está bloqueando actualmente».
Horas después recibí una llamada. Cuando terminó la conversación, no pude evitar sonreír y decir: «¡Gracias, Señor!». La persona que estaba al teléfono era el coordinador del curso, ofreciéndome una beca parcial y un plan de pago para lo que quedaba por cubrir. Mis tasas pasaron de tener que pagar la totalidad hasta un módico veinticinco por ciento.
Ya lo había dicho Ellen G. White: «Al enseñarnos a pedir cada día lo que necesitamos, tanto las bendiciones temporales como las espirituales, Dios desea alcanzar un propósito para beneficio nuestro. Quiere que sintamos cuánto dependemos de su cuidado constante, porque procura atraernos a una comunión íntima con él» (Ser semejante a Jesús, p. 11).
Confía en Dios y pídele que dirija tu vida. Puede que no sepas a dónde ir, pero él conoce el plan que tiene para nosotros.

Shakara MacCrae Levy, Jamaica

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