Miércoles 6 de diciembre 2017 | Devoción Matutina para Menores | José el astuto

“Dios el Señor llamó al hombre y le preguntó: ‘¿Dónde estás?’. El hombre contestó: ‘Escuché que andabas por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo: por eso me escondí'” (Gén. 3:9,10).

Una vez tuve un perro de raza Pinscher, que me regalaron cuando ya era adulto.
No lo crié yo, ya venía con sus mañas (aunque tardamos un tiempito en descubrírselas). Ese perro era la adoración de mí hija, que se pasaba el día jugando con él, y le puso de nombre “José Márquez”, como su abuelo. José era un miembro más de nuestra familia.
José se comportaba un poco mal algunas veces. Por ejemplo, orinaba contra la lavadora. Cuando yo descubría el “charquito” allí, en el suelo (y en la esquina de la lavadora, por supuesto), me enojaba bastante y salía como una trastornada a buscar al enano canino por toda la casa. Nunca lo encontraba; sabía esconderse como nadie. Otras veces, salía de la casa y tardaba una eternidad en regresar; y cuando iba a regañarlo, se escondía en su caserita, bajo la cobija, para que yo no lo viera. Yo miraba dentro de la caserita, y te prometo que no lo veía; era como si José se hubiera esfumado. ¡Qué bien se escondía José! En eso era un experto.
Un domingo salimos de paseo, y José se quedó “vigilando” la casa. Cuando regresamos, vi que en el patio estaba el tendedero volcado, y toda nuestra ropa desparramada por el piso. Cuando José observó que yo veía aquel desastre, salió corriendo a esconderse de mí. Sabía que lo Iba a regañar y se escabullía, para que no le dijera nada. Te aseguro que José era un perro, no una persona. Aunque hacía igual que hacemos las personas: nos escondemos cuando pecamos, tanto para que nadie nos vea pecar, como para que nadie nos regañe cuando lo descubra. En eso, somos unos expertos.
Esa idea de escondernos nos viene desde Adán. Si recuerdas, tras el pecado, Adán y Eva se escondieron de Dios, porque no querían que él descubriera que habían pecado. ¡Como si Dios no lo supiera!… Claro que lo sabia; él lo sabe todo. Por eso no merece la pena esconderse. Tampoco merece la pena pecar y hacernos daño, para luego tener que escondernos. Vive de tal manera que te encuentres cómodo a la vista de Jesús, y de los demás.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2017
¡SALTA!
Patricia Navarro
Lecturas Devocionales para niños 2017

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