Miércoles 24 de Octubre 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Oración del publicano

Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Lucas 18:13,14.

¿Crees que puedes llegar a ser “impecable”?
Se necesitan pocas palabras para pintar al publicano. La idea que tiene de sí mismo es simple y una, y lo que él quiere de Dios es una sola cosa. Su gesto expresa sus emociones: no se acerca al ideal perfeccionista del fariseo; por eso “es incapaz de levantar la vista”. Su sentir es el de David: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado […]. He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría” (Sal. 51:1-6).
En la oración del publicano, como en la de David, hay conciencia aguda del pecado, verdadera tristeza por el pecado, deseo sincero de sacudirse la carga del pecado, humilde confianza en el perdón y en la misericordia de Dios. La flecha de su ruego va directamente al Trono de la gracia divina.
Jesús dirige la aplicación de esta parábola directamente a quienes lo escuchaban en ese momento, y por extensión a todos los creyentes de los siglos. Sus palabras son como una saeta que intenta perforar la coraza de la justicia propia. El publicano fue “justificado”; es decir, considerado justo. En el juicio del Cielo, que es el juicio de la verdad, el pecado confesado y abandonado es pecado pasado. El fariseo condensa su desprecio en el publicano, pero Jesús toma al publicano y lo convierte en ejemplo de justificación cuando dice: “Este descendió a su casa justificado antes que el otro” (Luc. 18:14).
La condena de Dios del fariseo y la aceptación del publicano no son aberraciones de la justicia divina, ya que es una ley espiritual que el que se exalta a sí mismo será humillado, y el que se humilla será exaltado. No siempre ocurre esto en la vida, pero en la vida espiritual, y con respecto a nuestra relación con Dios, esta ley es absoluta y siempre verdadera.
¡Que nuestras oraciones exhalen la dulce humildad de Cristo!

Oración: Señor, dame sabiduría en lo profundo de mi corazón.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018
LAS ORACIONES MÁS PODEROSAS DE LA BIBLIA
Ricardo Bentancur
Lecturas devocionales para Adultos 2018

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