Miércoles 18 de abril 2018 | Devoción Matutina Damas

Nunca estoy sola

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2018 BENDECIDA Ardis Dick Stenbakken Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2018
BENDECIDA
Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

“Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque tú estás a mi lado; tu vara de pastor me reconforta” (Sal. 23:4).

Nunca estoy sola; incluso cuando me siento sola o cuando no hay nadie cerca. A veces, me embarga un sentimiento de intensa soledad y siento  que nadie me entiende. Pero, aun en esos momentos, sé que no estoy sola, porque el Espíritu de Dios me asegura que siempre está conmigo.

Hace muchos años visité a mi abuela en Sudamérica. Cuando fuimos a verla, era muy anciana y estaba enferma. Mientras estuvimos allí, la llevamos a la iglesia y, en un momento silencioso del servicio, ella exclamó: “¡Dios!” Fue muy incómodo para mí, porque la gente de la iglesia no entendió. Yo tampoco entendí, porque era muy joven. Los miembros murmuraron: “Algo le pasa a esa anciana”. Lo cierto era que algo estaba mal. Ella tenía Parkinson y la demencia que llega al final de la enfermedad.

Sin embargo, ella también tenía algo que no entendí hasta veinte o más años después de su muerte. Tenía a Dios: en su espíritu, en su mente y a su lado. Para ella, Dios era real y clamaba a él aún en su demencia.

Comprendí esto porque muchas veces estoy tentada a sentirme sola. Como mis hijos crecieron y se fueron de casa, hay mucha quietud aquí. Pero en esta quietud, he encontrado una nueva profundidad en mi relación con Dios. Tengo a Dios y entiendo que él me tiene a mí, incluso en la palma de su mano. Dios está conmigo, Dios está cerca y puedo hablar con él.

De hecho, a menudo me encuentro hablando con él audiblemente cuando estoy sola. Me consuela el saber que siempre está a mi lado. Me temo que, así como mi abuela materna, un día me oirán gritar “¡Dios!”, cuando necesite sentirlo cerca. Quiero que me acerque más a él y me sostenga con fuerza, especialmente cuando las anclas terrenales me fallen.

¿A quién o a qué clamas cuando las preocupaciones de este mundo te sobrepasan? Espero, querida hermana, que tu ancla sea Dios, porque su voluntad es mantenernos en el camino y sostenernos, no sea que nuestro pie tropiece en una piedra (ver Sal. 91:12). En nuestras horas más oscuras, debemos confiar en él y clamar a Dios. ¡Él te está buscando!

WENDY WONGK

es enfermera y vive en Georgia, EE. UU.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2018

BENDECIDA            

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