Miércoles 15 de agosto 2018 | Devoción Matutina para Adultos | La santidad del sábado

«En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en sábado, que acarreaban manojos de trigo y cargaban los asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga, para traerlo a Jerusalén en sábado; y los amonesté acerca del día en que vendían las provisiones». Nehemías 13: 15

Después de setenta años de cautiverio en Babilonia, el pueblo de Israel regresó con Zorobabel y reconstruyeron el templo y restauraron los servicios religiosos. Más tarde llegó Nehemías, quien levantó las murallas de la ciudad con ayuda del pueblo en 52 días. Fue gobernador de Israel durante doce años y se dispuso a regresar a Susa, capital del reino Persa, como copero del rey.

No se sabe cuánto tiempo tardó en regresar a Jerusalén, pero en ese tiempo de ausencia, el pueblo cayó en la idolatría. Establecieron alianzas matrimoniales con los paganos y los enemigos de Israel. Dejaron de realizar los servicios religiosos de adoración al verdadero Dios. Los levitas tuvieron que trabajar para ganar su sustento, y el templo fue abandonado y mancillado al darle a Tobías, un pagano, vivienda en uno de sus departamentos. Por si hiera poco, se olvidaron de la santidad del sábado, comenzaron a deshonrarlo trabajando y comerciando en el día que debía ser dedicado al Creador.

Cuando Nehemías regresó a Jerusalén y se encontró con esa situación, se dedicó a reformar todo. Esa reforma conllevaba reivindicar la santidad del sábado. Para Nehemías, la observancia del sábado no era un mero hábito o costumbre, sino una práctica divina, un mandato explícito de la Palabra de Dios. Necesitaba energía, valor y planificación para lograr el objetivo; por eso, una de las decisiones que tomó fue la de cerrar las puertas principales de la ciudad desde antes del comienzo del sábado hasta que ese día santo concluyera.

Elena G. de White afirma: «Hay que realizar un esfuerzo especial para llevar a cabo una reforma con respecto a la observancia del sábado» (Consejos sobre salud, cap. 8, p. 317). El sábado es el único día de la semana que fue bendecido y santificado por Dios. Todos los que reposan en ese día son reconfortados, sustentados y bendecidos por el Dios del cielo, porque las horas del sábado le pertenecen a él. «Nada de lo que a los ojos del cielo es considerado como violación del santo sábado debe dejarse para ser dicho o hecho en el día de reposo» (Testimonios para la iglesia, t. 2, pp. 618-619). Devolvámosle al sábado la santidad original impuesta por el Creador. Esto traerá bendición y refrigerio a nuestra vida espiritual.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018

FUENTES DE VIDA

David Javier Pérez

Lecturas devocionales para Adultos 2018

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