Martes 8 de noviembre 2016 | Devoción Matutina para Damas 2016 | La mujer de la lámpara


Lo importante no es lo que nos hace el destino, sino lo que nosotros hacemos de él. Florence Nightingale

MUY POCAS MUJERES hacen acto de presencia en los registros de historia anteriores al siglo XX. Entre esas luces que nos alumbran a las mujeres de hoy, inspirándonos a la excelencia en la carrera cristiana, destaca Florence Nightingale (1820-1910),* “la mujer de la lámpara”. En 1850 escribió en su diario: “Señor, me pongo en tus manos”; y el Señor la utilizó para hacer de la enfermería una profesión. ¿Concibes hoy el mundo sin enfermeros? Pues así era hasta que ella propició el cambio.
Hija de un matrimonio pudiente, recibió una educación extensa, cosa nada común en las mujeres del siglo XIX. A la edad de diecisiete años tuvo la certeza de que Dios tenía una misión para ella; lo único que le faltaba era descubrir cuál era. Cuando por fin supo que su camino en la vida era la enfermería, sus padres se disgustaron pues, en aquel entonces, los enfermeros no eran considerados como parte del cuerpo médico, ganaban menos salario que una criada, y era la última opción para quienes no tenían empleo. Pero Florence comenzó a estudiar enfermería en secreto, así como a leer libros de medicina, hasta que se convirtió en una experta. Descubrió que, en otros países, los enfermeros eran bien considerados, y decidió pasar un tiempo en Egipto y Alemania para encontrar la manera de lograr lo mismo en su país, Inglaterra.
Ya de vuelta en Londres, Florence comenzó a trabajar como administradora en un hospital para mujeres y desde allí llevó a cabo reformas en la atención médica y el servicio de salud pública, que redundó en un menor índice de mortalidad para los enfermos. Durante la guerra de Crimea la asignaron como directora del cuerpo de enfermeros y pudo ver in situ la falta de condiciones sanitarias de los hospitales. Cada tarde, cuando terminaba sus tareas administrativas, Florence recorría los pasillos, cama por cama, con una lámpara en la mano, convirtiéndose así en una heroína para muchos. Cuando los soldados la halagaban, ella simplemente decía: “La gloria sea para Dios”.
¿Ya has descubierto tu misión en la vida? A veces tarda en manifestarse, pero Dios tiene un lugar especial para nosotras en su plan de salvación hacia la humanidad. Descubrirlo y entregarnos al máximo es lo que nos toca para que su luz brille.

“Alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre” (Mat. 5:16, RV95).

*John Hudson Tiner, For Those Who Daré (Arkansas: Master Books, 2002), pp. 187-189.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
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