Martes 5 de septiembre 2017 | Devoción Matutina para Damas | Sueños frustrados

“La esperanza que se demora es tormento del corazón; árbol de vida es el deseo cumplido” (Prov. 13:12).

En su poema “Un sueño diferido”, Langston Hughes plantea una pregunta esencial a la vida: “¿Qué sucede con los sueños frustrados?” Tantas personas, en especial mujeres, tienen un triste depósito de sueños frustrados dentro de sí. Siendo jovencita, me encantaba la ciencia y soñaba con ser científica. Un accidente me impidió cumplir ese sueño. El sueño que una vez me había dado empuje en la vida, ahora se secaba como una pasa, como dice el poema, y moría.
Lo que el poema no pregunta es qué sucede a los soñadores cuando sus sueños mueren. En mi caso, me siguió interesando la ciencia, pero nunca más la consideré profesionalmente. Tuve dificultades por años. Aunque fui criada como cristiana y luego me hice adventista, creía que no tenía ningún talento que Dios pudiera usar.
Era excelente académicamente y me desarrollé muy bien socialmente, pero sentía que no tenía una verdadera identidad.
Sin muchos preámbulos, elegí otro camino, que me gustaba casi tanto como la investigación científica: la educación. Era emocionante y gratificante en otro sentido; era estimulante y podría usarla en el ministerio. Ahora, llegando al final de mi carrera en el ministerio educativo, todavía me pregunto qué hubiera pasado si hubiera elegido el camino de la ciencia. También me pregunto qué pasó con tantos otros cuyos sueños se vieron frustrados. ¿Murieron ellos junto con sus sueños? ¿Qué es lo que determina la diferencia?
Para mí, la diferencia la marcó una madre que superó todas las desventajas de las cuales la gente hablaba y tuvo éxito profesionalmente; y que nunca dejó de animarme, hasta el día de hoy. Ejercitemos siempre el don de la motivación. Sin motivación, muchas jóvenes cuyos sueños son frustrados día tras día nunca usarán sus dones para la obra de Dios.
Dios nos necesita en su viña. Si nos prepara, nos llama; y nos ha preparado a todas. “Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; si es el de prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe; si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría” (Rom. 12:6-8, NVI).
Ella Louise Smlth Simmons

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017

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