Martes 31 de octubre 2017 | Devoción Matutina para Adultos | La expiación perfecta

JESÚS, NUESTRO SUMO SACERDOTE
«Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo, el justo». 1 Juan 2: 1

JESÚS ES NUESTRO ABOGADO, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Intercesor.
Nuestra actitud debe ser como la de los israelitas durante el día de la expiación. Cuando el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santísimo, que representaba el lugar donde nuestro Sumo Sacerdote intercede en la actualidad, y rociaba la sangre expiatoria sobre el propiciatorio, afuera no se ofrecía ningún sacrificio propiciatorio. Mientras el sacerdote intercedía delante de Dios, cada corazón debía humillarse y suplicar el perdón de sus transgresiones.
En la muerte de Cristo, el Cordero inmolado por los pecados del mundo, el símbolo se encontró con la realidad. Nuestro gran Sumo Sacerdote fue constituido en el único sacrificio de valor para nuestra salvación. Al ofrecerse sobre la cruz, se realizó una expiación perfecta por los pecados de los seres humanos. Actualmente nos encontramos en el atrio exterior, aguardando la bendita esperanza de la aparición gloriosa de nuestro Salvador y Señor Jesucristo (ver Tito 2: 13). Afuera no se ha de ofrecer sacrificio alguno, porque el gran Sumo Sacerdote está llevando a cabo su obra en el Lugar Santísimo. Durante su intercesión como nuestro abogado, Cristo no necesita ninguna virtud humana ni mediación de nadie. Él es el único portador del pecado, la única ofrenda por el pecado. La oración y la confesión deben dirigirse solo a él, quien entró una vez y para siempre en el Lugar Santísimo. Salvará hasta lo sumo a todos los que acuden a él con fe. Él vive constantemente para interceder por nosotros. […]
Cristo representó a su Padre ante el mundo y, ante Dios, representa a los escogidos en quienes ha restaurado la imagen moral de Dios. Ellos son su herencia. A ellos dice: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Juan 14: 9). «Nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mat. 11:27). Ningún sacerdote, ningún religioso por estricto que sea, puede revelar al Padre a cualquier hijo o hija de Adán. Solo tenemos un Abogado, un Intercesor, que puede perdonar las transgresiones. ¿No se llenarán de gratitud nuestros corazones ante Aquel que dio a Jesús para que fuera la propiciación por nuestros pecados? Pensemos en el amor que el Padre ha manifestado en favor de nosotros, el amor que ha expresado para nosotros. No podemos medir ese amor. No hay medida para él. ¿Podemos comprender y medir lo infinito? Solo podemos señalar al Calvario, al Cordero que fue sacrificado desde la fundación del mundo [ver Apoc. 13: 8, NVIJ.— Signs ofthe Times, 28 de junio de 1899.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2017
DE VUELTA AL HOGAR
Elena G. de White
Lecturas devocionales para Adultos 2017

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